La dama era música.

Nommo

Poeta veterano en el portal
Ella quería universos múltiples.
Ella quería púgiles del boxeo, más expresivos.
Cuadros y lienzos enmarcados en gruesos leños bien labrados por castas manos contundentes.
Yo le ofrecí todo un laberinto.


Llegó al centro de la diana; ella es el dardo. Recibí el premio al mejor actor. Era Domingo.


En Marzo, jugábamos al Pin-Ball. Más sabia y sosegada, junto a su príncipe.
¿ Pin-Ball ? Es una máquina recreativa que hay en algunos bares.
Y en esa barra americana, ella croaba como una rana, ataviada con albornoz de color Beige...
Me dejó las llaves de su Citröen Diane 6. Y ya, no me veis.




Desaparezco de vuestra vista. Le di un sopapo al camero, con una revista.


No tengo dinero para pagarle, por su ración de calamares improvisada, con salsa picante alí-olí.
Tararí, que te vi. Me largo. ¡ Pies, para qué os quiero !
El cocinero me arroja un cenicero metálico.
Huyo en el carro, que es de marchas; no es automático. Arranco y me fugo de esa ciudad.


Ella se quedó traspuesta; muy sólida; toda, pálida. Y me alcanzaría, meses después.


En Marruecos.
Corriendo detrás de mí, con unos zuecos.
Es farmacéutica.
Quiere universos múltiples. Púgiles de boxeo, más expresivos.


Yo le doy la técnica del vuelo sin motor, para ver el laberinto, desde arriba. ¡ Dardo !
 
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