De rosas ensangrentadas está dispuesto el cielo puro.Un sol de oro resquebraja el aire pálido de la mañana.Entonces tú,¡oh!bella Danaide,susurras versos de amor hacia las inmaculadas alondras que ya emprenden el vuelo hacia el infinito;donde el numen glorioso de la Eternidad espera parsimonioso por los cándidos besos de la boreal primavera en flor.¡Oh!querida criatura de cabellos de estaño.Es necesario que simientes granos de trigo en el suelo húmedo de la fértil tierra de tus ancestros los dioses;para que en el estío por fin recojas el alimento áureo que ha de darte la fortaleza suficiente para soportar el clima invernal,que con su semblante de herrumbrosa muerte ya no te desquiciará nunca jamás.