Jairo Castillo Romerin
Poeta adicto al portal
LA ESCALERA
La escalera sube hasta el olor de los ciruelos.
En el patio hay un sendero, un secreto pasaje
que da justo al infinito.
Se adentra pausado un hedor a húmedo,
a sabiendas,
de que ya han muerto de sed,
la ilusión y sus venablos.
La escalera incita, subo los ojos.
No hay peor mirada que la de adentro,
su escozor
que revela lo imprevisto.
Escribo, mientras descienden sigilosos,
los trinos aleves de un pájaro rústico
en mi letra.
La escalera tienta, le hago caso.
Voy subiendo, incómodo,
las gradas de la espera.
La escalera sube hasta el olor de los ciruelos.
En el patio hay un sendero, un secreto pasaje
que da justo al infinito.
Se adentra pausado un hedor a húmedo,
a sabiendas,
de que ya han muerto de sed,
la ilusión y sus venablos.
La escalera incita, subo los ojos.
No hay peor mirada que la de adentro,
su escozor
que revela lo imprevisto.
Escribo, mientras descienden sigilosos,
los trinos aleves de un pájaro rústico
en mi letra.
La escalera tienta, le hago caso.
Voy subiendo, incómodo,
las gradas de la espera.
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