El Hijo de la Luz
Poeta recién llegado
En la penumbra de una noche callada, yace mi alma de anhelos cansada y tu amor cual esquivo manantial que se niega a saciar mi sed esencial.
Mis manos, cual ramas despojadas, anhelan tus caricias, tus miradas. Pero tus ojos, en lejanía absortos, ignoran mi presencia, mis afectos rotos.
Tu voz, que antaño era dulce melodía hoy se torna a un silencio que me reduce, tus palabras, cual dardos certeros, hieren mi alma, mis sueños sinceros.
En esta espera que mi ser consume, mi corazón, cual ave en la cumbre, abrirá sus alas, buscando nuevos cielos donde el amor sea abrigo y consuelo.
Ya no más lágrimas, ni súplicas vanas, mi alma se libera de tus cadenas, en este adiós que mi ser define, busco un amor que me ilumine.
Mis manos, cual ramas despojadas, anhelan tus caricias, tus miradas. Pero tus ojos, en lejanía absortos, ignoran mi presencia, mis afectos rotos.
Tu voz, que antaño era dulce melodía hoy se torna a un silencio que me reduce, tus palabras, cual dardos certeros, hieren mi alma, mis sueños sinceros.
En esta espera que mi ser consume, mi corazón, cual ave en la cumbre, abrirá sus alas, buscando nuevos cielos donde el amor sea abrigo y consuelo.
Ya no más lágrimas, ni súplicas vanas, mi alma se libera de tus cadenas, en este adiós que mi ser define, busco un amor que me ilumine.