LA ESPERA.
Cada vez es más amarilla la tarde.
No sé si Dios la prende fuego.
Yo no sé nada.
Los pájaros siguen una ruta laboriosa en el cielo sucio de aviones.
La calle deja caer su maquinaria simple en la vereda rota.
Alguien dibuja con apurada caligrafía de beodo una pared;
forma el orín cementerio de soles
en la secreta acequia que alimenta
los árboles de un verde alto y puro.
La mujer junto a un hombre de anteojos negros
busca en su bolso el numen que brilla metálico
en los negros ojos del niño que vende estampas;
rueda de la mano blanca
a la pobre mano la moneda.
Pasa un simulacro de tranvía que
no engaña a los turistas alemanes (ni a nadie);
él que ríe toma una fotografía.
Se prende la primera serie de inútiles luces.
La ciudad suelta su oscura cabellera india.
¿Vendrá? ; _ Pregunto al dios de los relojes.
¡Vendrá! ; _ Responde (igual que hace una hora).
Yo le creo.
Pido el tercer café.
Miro esa gran nube de tormenta.
Forma trasatlánticos rosas en los celestes astilleros del aire.
08/01/2010
Cada vez es más amarilla la tarde.
No sé si Dios la prende fuego.
Yo no sé nada.
Los pájaros siguen una ruta laboriosa en el cielo sucio de aviones.
La calle deja caer su maquinaria simple en la vereda rota.
Alguien dibuja con apurada caligrafía de beodo una pared;
forma el orín cementerio de soles
en la secreta acequia que alimenta
los árboles de un verde alto y puro.
La mujer junto a un hombre de anteojos negros
busca en su bolso el numen que brilla metálico
en los negros ojos del niño que vende estampas;
rueda de la mano blanca
a la pobre mano la moneda.
Pasa un simulacro de tranvía que
no engaña a los turistas alemanes (ni a nadie);
él que ríe toma una fotografía.
Se prende la primera serie de inútiles luces.
La ciudad suelta su oscura cabellera india.
¿Vendrá? ; _ Pregunto al dios de los relojes.
¡Vendrá! ; _ Responde (igual que hace una hora).
Yo le creo.
Pido el tercer café.
Miro esa gran nube de tormenta.
Forma trasatlánticos rosas en los celestes astilleros del aire.
08/01/2010
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