La espera

Maru Raygada

Poeta recién llegado
Las manecillas del reloj, congeladas sobre aquella torre, propiciaban una espera. Esas con olor a canela y miel, como cuando la tarde cae y el cielo se tiñe de melancolía.
Eran las 3 de la tarde y el aire que agitaba sus cabellos se había perdido entre la dulzura de su perfume. El calor rozaba suavemente su piel, y a lo lejos, se oía el canto de dos árboles que entonaban los acordes de una fina melodía.
-“Regresaré por ti, lo prometo“- fue lo último que escuchó de él.
Su voz era un eco que estuvo presente durante los cinco otoños que habían pasado. El sonido de las hojas al caer le recordaban aquellos susurros a medianoche, cuando las sombras callaban y el aire traía consigo el olor a jazmines recién plantados. Susurros a escondidas de sus padres, que se abrían paso cada noche a través los cristales para llegar a su alcoba y teñirla de un rojo incandescente.
Susurros que quedaron impresos en sus sábanas y que ni el thiner más fuerte del olvido pudo borrar.
Cinco otoños y ahora estaba ahí, con la mirada puesta en el horizonte, esperando que una pequeña ráfaga le advirtiera la llegada de aquel que una vez hizo arder su corazón, pero la tarde empezaba a caer y la melancolía le bailaba al cielo. Ni siquiera un espejismo borroso que despertara su ilusión. Lo único que llegó fue la tristeza a sus ojos, y los recuerdos a su débil sonrisa que se fundía poco a poco entre los jazmines y la oscuridad de la noche.
 
LAS ESPERAS...
pueden o no ser mortuorias
depende, a quién esperamos
será alguién que dice la verdad?
será alguién que dice mentiras?

Depende, que cosas esa persona haya guardado dentro nuestro
sino dejo nada, que el aprecie para su vida.....es posible que no vuelva.
pero sino fuera así.....lo que dejo y aprecia ....sos vos!

gracias por escribir
y deleitarnos con la historia.
besos, saludos desde mexico!

777
esteban
 

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