La esperanza diluida

María Baena

Miembro del Jurado
Miembro del equipo
Miembro del JURADO DE LA MUSA
Una pequeña espada

atrapa mi angustia,

la aquieta atándola a mi pecho.

Yo la absorbo toda

para que se diluya en mi cuerpo

y sea menos poderosa.

De vez en cuando viene,

a veces no sé por qué,

otras, reconozco su sombra

mucho antes de tenerla encima.

Sé que me metí en el pozo

sin que me lo pidieran

y que sola tendré que subir.

Las más de las veces

la vida me empuja dentro

sin darle mi permiso yo,

y también sola

me agarraré a sus paredes

para ver la luz de nuevo.

Cuando me siento en su brocal

y el sol me envuelve

el pozo sólo es un lugar

de donde sale agua fresca

y mi sed bebe.

Esos días la luz es preciosa,

todo asoma a mis ojos

con colores más nuevos,

y yo, que conozco el fondo del pozo,

disfruto de su ausencia

tanto como mis fuerzas pueden.

Todo me parece distinto,

lo conocido es como un buen amigo

que viene a verme,

no paro de mirar mi rutina

con cara nueva,

complaciéndome en ella.

Cuando cae la noche

la luna grita porque se ve en el fondo

y en la noche perdida,

pero de día

las dos nos alegramos,

ella blanca en el cielo,

yo en el suelo

sentada entre la hierba

y enredada en el sol.
 
Una pequeña espada

atrapa mi angustia,

la aquieta atándola a mi pecho.

Yo la absorbo toda

para que se diluya en mi cuerpo

y sea menos poderosa.

De vez en cuando viene,

a veces no sé por qué,

otras, reconozco su sombra

mucho antes de tenerla encima.

Sé que me metí en el pozo

sin que me lo pidieran

y que sola tendré que subir.

Las más de las veces

la vida me empuja dentro

sin darle mi permiso yo,

y también sola

me agarraré a sus paredes

para ver la luz de nuevo.

Cuando me siento en su brocal

y el sol me envuelve

el pozo sólo es un lugar

de donde sale agua fresca

y mi sed bebe.

Esos días la luz es preciosa,

todo asoma a mis ojos

con colores más nuevos,

y yo, que conozco el fondo del pozo,

disfruto de su ausencia

tanto como mis fuerzas pueden.

Todo me parece distinto,

lo conocido es como un buen amigo

que viene a verme,

no paro de mirar mi rutina

con cara nueva,

complaciéndome en ella.

Cuando cae la noche

la luna grita porque se ve en el fondo

y en la noche perdida,

pero de día

las dos nos alegramos,

ella blanca en el cielo,

yo en el suelo

sentada entre la hierba

y enredada en el sol.
Muy bello, en la vida muchas veces estamos en el fondo del pozo y otras tantas en la superficie sacando agua fresca de él, cada caída puede ser una lección porque siempre allá arriba espera el sol. Me ha gustado mucho tu bello poema, profundo y hermoso. Abrazote de colores para ti amiga María. Paco.
 
Una pequeña espada

atrapa mi angustia,

la aquieta atándola a mi pecho.

Yo la absorbo toda

para que se diluya en mi cuerpo

y sea menos poderosa.

De vez en cuando viene,

a veces no sé por qué,

otras, reconozco su sombra

mucho antes de tenerla encima.

Sé que me metí en el pozo

sin que me lo pidieran

y que sola tendré que subir.

Las más de las veces

la vida me empuja dentro

sin darle mi permiso yo,

y también sola

me agarraré a sus paredes

para ver la luz de nuevo.

Cuando me siento en su brocal

y el sol me envuelve

el pozo sólo es un lugar

de donde sale agua fresca

y mi sed bebe.

Esos días la luz es preciosa,

todo asoma a mis ojos

con colores más nuevos,

y yo, que conozco el fondo del pozo,

disfruto de su ausencia

tanto como mis fuerzas pueden.

Todo me parece distinto,

lo conocido es como un buen amigo

que viene a verme,

no paro de mirar mi rutina

con cara nueva,

complaciéndome en ella.

Cuando cae la noche

la luna grita porque se ve en el fondo

y en la noche perdidas qu,

pero de día

las dos nos alegramos,

ella blanca en el cielo,

yo en el suelo

sentada entre la hierba

y enredada en el sol.
Esencias que se amortiguan en una melancolia sutil,
noches abiertas, esperar al dia y ofrecer al alma esas
sensaciones de una nostalgia diluida, amabe y que
se roza entre esos elementos de pensamiento entregado.
felicidades. saludos amables de luzyabsenta
 
Una pequeña espada

atrapa mi angustia,

la aquieta atándola a mi pecho.

Yo la absorbo toda

para que se diluya en mi cuerpo

y sea menos poderosa.

De vez en cuando viene,

a veces no sé por qué,

otras, reconozco su sombra

mucho antes de tenerla encima.

Sé que me metí en el pozo

sin que me lo pidieran

y que sola tendré que subir.

Las más de las veces

la vida me empuja dentro

sin darle mi permiso yo,

y también sola

me agarraré a sus paredes

para ver la luz de nuevo.

Cuando me siento en su brocal

y el sol me envuelve

el pozo sólo es un lugar

de donde sale agua fresca

y mi sed bebe.

Esos días la luz es preciosa,

todo asoma a mis ojos

con colores más nuevos,

y yo, que conozco el fondo del pozo,

disfruto de su ausencia

tanto como mis fuerzas pueden.

Todo me parece distinto,

lo conocido es como un buen amigo

que viene a verme,

no paro de mirar mi rutina

con cara nueva,

complaciéndome en ella.

Cuando cae la noche

la luna grita porque se ve en el fondo

y en la noche perdida,

pero de día

las dos nos alegramos,

ella blanca en el cielo,

yo en el suelo

sentada entre la hierba

y enredada en el sol.
Aplausos. Muy buena obra.
 

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