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La eternidad de las cosas

penabad57

Poeta veterano en el portal
Están ahí desafiando a los relojes con su persistencia inmune

a los ciclos del tiempo.



Algunas son queridas porque su huella invade la memoria

y es como si en un presente infinito reflejaran el tacto primigenio

de los orígenes, con su forma intacta, y su virginidad de niña

sin el abrigo de una piel que las cubra.



Pero las hay hostiles porque el recuerdo las convirtió

en llaga de desamor o porque sufren el luto del olvido

y se vuelven hacia si como hacen las flores tímidas del verano

al morir el sol cada día.



En mi cajón sobreviven las más pequeñas, los llaveros y las insignias,

las chapas y los colgantes, el amuleto que nunca me dio suerte,

el primer poema que escribí con caligrafía de niño, algunas fotos

de juventud y aquel trébol de cuatro hojas

que una noche de abril grabé en mi piel por ti.



En ellas se posa el polvo de la ausencia con su pátina de olvido

y son hogar de arañas y de humedad, víctimas de una luz

que pone nubes de tiempo en su alma invisible.
 
Última edición:
Están ahí desafiando a los relojes con su persistencia inmune

a los ciclos del tiempo.



Algunas son queridas porque su huella invade la memoria

y es como si en un presente infinito reflejaran el tacto primigenio

de los orígenes, con su forma sin pulir y su virginidad de niña

sin el abrigo de una piel que las cubra.



Pero las hay hostiles porque el recuerdo las convirtió

en llaga de desamor o porque sufren el luto del olvido

y se vuelven hacia si como hacen las flores tímidas del verano

al morir el sol cada día.



En mi cajón sobreviven las más pequeñas, los llaveros y las insignias,

las chapas y los colgantes, el amuleto que nunca me dio suerte,

el primer poema que escribí con caligrafía de niño, algunas fotos

de juventud y aquel trébol de cuatro hojas

que una noche de abril grabé en mi piel por ti.



En ellas se posa el polvo de la ausencia con su pátina de olvido

y son hogar de arañas y de pulgón, víctimas de una luz

que pone nubes de tiempo en su alma invisible.
Ausencia y esperanza.
Palabras tristes.
Queremos ver una luz que nos ilumine.

Saludos
 
Están ahí desafiando a los relojes con su persistencia inmune

a los ciclos del tiempo.



Algunas son queridas porque su huella invade la memoria

y es como si en un presente infinito reflejaran el tacto primigenio

de los orígenes, con su forma intacta, y su virginidad de niña

sin el abrigo de una piel que las cubra.



Pero las hay hostiles porque el recuerdo las convirtió

en llaga de desamor o porque sufren el luto del olvido

y se vuelven hacia si como hacen las flores tímidas del verano

al morir el sol cada día.



En mi cajón sobreviven las más pequeñas, los llaveros y las insignias,

las chapas y los colgantes, el amuleto que nunca me dio suerte,

el primer poema que escribí con caligrafía de niño, algunas fotos

de juventud y aquel trébol de cuatro hojas

que una noche de abril grabé en mi piel por ti.



En ellas se posa el polvo de la ausencia con su pátina de olvido

y son hogar de arañas y de humedad, víctimas de una luz

que pone nubes de tiempo en su alma invisible.
Muy buen poema Penabad, buen fin de semana. Un abrazo con la pluma del alma
Pero las hay hostiles porque el recuerdo las convirtió

en llaga de desamor o porque sufren el luto del olvido

y se vuelven hacia si como hacen las flores tímidas del verano

al morir el sol cada día.
 
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