La flor de primavera descapulla fogosa,para sacudir con el haz inmaculado de sus rayos luminosos la tez lechosa del niño a rebosar de fuerzas divinas.Es entonces cuando ríe con un júbilo que estremece de sagrado temor a sus difuntas almas que están en los estrellados cielos,sus padres;los cuales,al no poder contener la inagotable emoción de armoniosa beatitud,claman de lo alto el nombre secreto del infante para que se levante y arranque el bello objeto natural que tanto lo inunda con su fragancia de silenciosa remembranza.El hijo,en un desvarío erótico de locura báquica los escucha,pero no les hace el menor caso.En su lugar,sigue obnubilado con sus ojos de un verde mar,en la bella criatura de la naturaleza;perdiendo poco a poco las fuerzas sinérgicas que lo envuelven en un haz nocturno de estrellas caídas ya en vil desgracia.Es entonces cuando la luna negra,encaramada ya en lo alto del cenit glorioso del firmamento,estalla en un aluvión de carcajadas que hielan la sangre del ahora desgraciado niño.