Trepaste por una ventana ilusoria
de un cuarto vacío
escribiendo en el árbol sin hojas:
la sombra es la sombra.
Especialista en empezar de nuevo
forjaste una sonrisa
y a pesar de la penumbra
pusiste la bomba
de un ataque de risa.
Como un telón de amaneceres
condenados a ser historia
miraste más allá del tiempo
y subido al tejado escribiste:
las horas son las horas.
Así sin prisa y a solas
en el pueblo sin nombre
te inventastes excusas
para dar luz a las cosas .
Entre esquinas y portales,
entre mierdas y rosales,
entre pasos a destiempo
y precipitación de furias.
Cogiste las manos de energía
hasta llenarte de inercia
y escribiste en la arena:
la fuerza es la fuerza.
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