Un día más de rutina ensayado ininterrumpidamente en la guarida
con la soledad que siempre acompaña el oficio.
Un pecho quemando por dentro un cuerpo
adiestrado para golpear y asimilar el mismo castigo.
Un oponente también habituado a esta disciplina
que tampoco escoge el odio para mover sus manos.
Una elección tan peculiar con su motivo oculto a terceros.
Un cuadrilátero vacio en medio de tantos
o de un par de espectadores que los espera.
Un modesto arte que se expresa a través del cuerpo
evitando meneos ordinarios.
Una velada que los tendrá como protagonistas
impulsados a la acción por ser maravillosos una noche.
Última edición: