Las orejas del gato
Poeta recién llegado
Has arrancado la voz de mi aldea,
qué hazaña tan grande,
nunca fue tan fácil para una estampida de cíclopes
extirpar la dignidad de su libertad,
como lo es despojar de un diente a las manos de un ratón.
La manera en que sus garras invadían el
papel de sus pétalos,
tal como el fuego de los infiernos dantescos
torturaba el miedo que habitaba en la sensatez
de los pecadores.
Su rostro de huracán hambriento
no respetó el silencio de las hijas de mis hijas.
Este lugar no conocía de formas adultas,
esta habitación tenía paredes llenas de
caricaturas y pinceladas rosa,
su mirada solo esperaba la mañana para
leer la música de la naturaleza,
de la manera en la que los pintores esperan
el vestido tan etéreo de su musa.
Con tu llegada se desprendieron todos
los colores de mis páginas y
emigraron las imágenes de mis libros.
Nunca tocaste la puerta.
Dijiste que eres la mariposa de aquella fábula;
Robin, el amigo de Pooh.
No te conocía.
Eras mi padre.
Eras mi hermano.
Eras la persona que no tenía por qué conocer.
Me han convertido en un útero lleno de miedo.
Mi habitación está ahora habitada por
pecados que se me han obligado a tomar
como una bendición.
Nunca había visto aguas tan hermosas como
en el lago de sus ojos cuando oyó que
esa habitación no volvería a brillar igual.
Tal vez deberían haber advertido en los libros
a nunca abrir la puerta
a la mariposa de aquella fábula,
o a Robin, el amigo de Pooh,
o a mi padre,
o a mi hermano
o a esa persona que creyó que no moraba nada
más que un pedazo de carne en esta habitación:
nada que sienta,
nada que sueñe,
nada que sufra,
algo menos que humano.
Tal vez deberían haber advertido en los libros
que las mujercitas solo deben obedecer
el castigo de sus violadores.
qué hazaña tan grande,
nunca fue tan fácil para una estampida de cíclopes
extirpar la dignidad de su libertad,
como lo es despojar de un diente a las manos de un ratón.
La manera en que sus garras invadían el
papel de sus pétalos,
tal como el fuego de los infiernos dantescos
torturaba el miedo que habitaba en la sensatez
de los pecadores.
Su rostro de huracán hambriento
no respetó el silencio de las hijas de mis hijas.
Este lugar no conocía de formas adultas,
esta habitación tenía paredes llenas de
caricaturas y pinceladas rosa,
su mirada solo esperaba la mañana para
leer la música de la naturaleza,
de la manera en la que los pintores esperan
el vestido tan etéreo de su musa.
Con tu llegada se desprendieron todos
los colores de mis páginas y
emigraron las imágenes de mis libros.
Nunca tocaste la puerta.
Dijiste que eres la mariposa de aquella fábula;
Robin, el amigo de Pooh.
No te conocía.
Eras mi padre.
Eras mi hermano.
Eras la persona que no tenía por qué conocer.
Me han convertido en un útero lleno de miedo.
Mi habitación está ahora habitada por
pecados que se me han obligado a tomar
como una bendición.
Nunca había visto aguas tan hermosas como
en el lago de sus ojos cuando oyó que
esa habitación no volvería a brillar igual.
Tal vez deberían haber advertido en los libros
a nunca abrir la puerta
a la mariposa de aquella fábula,
o a Robin, el amigo de Pooh,
o a mi padre,
o a mi hermano
o a esa persona que creyó que no moraba nada
más que un pedazo de carne en esta habitación:
nada que sienta,
nada que sueñe,
nada que sufra,
algo menos que humano.
Tal vez deberían haber advertido en los libros
que las mujercitas solo deben obedecer
el castigo de sus violadores.