Se arremolinaban las hojas
en el pié de la espesa higuera.
Como estacas prendidas se apiñaban
alrededor de su sombra densa
brotes nuevos de viejas raíces.
Un olor de sobras conocido
atrapaba mis pies en su pié inmenso
y aspirando su aroma,
me lanzaba lejos en el tiempo
produciéndome en la piel
la misma sensación
que siento en mi recuerdo.
Las ásperas hojas anidan en mis sueños
arrullados con pájaros de vuelo inquieto
que no cortan sus viajes el calor intenso
ni mi curiosa búsqueda de moradas bolsitas
que dulces cuelgan en las ramas asidas.
Todo lo demás estaba en silencio
lleno de luz que cegaba
hasta divisar el pueblo.
Daba pereza atravesar el trayecto
que sin un árbol más
me trasladaba a la casa
y aguardé el final de la tarde
en la sombra conocida
de la higuera temprana.
en el pié de la espesa higuera.
Como estacas prendidas se apiñaban
alrededor de su sombra densa
brotes nuevos de viejas raíces.
Un olor de sobras conocido
atrapaba mis pies en su pié inmenso
y aspirando su aroma,
me lanzaba lejos en el tiempo
produciéndome en la piel
la misma sensación
que siento en mi recuerdo.
Las ásperas hojas anidan en mis sueños
arrullados con pájaros de vuelo inquieto
que no cortan sus viajes el calor intenso
ni mi curiosa búsqueda de moradas bolsitas
que dulces cuelgan en las ramas asidas.
Todo lo demás estaba en silencio
lleno de luz que cegaba
hasta divisar el pueblo.
Daba pereza atravesar el trayecto
que sin un árbol más
me trasladaba a la casa
y aguardé el final de la tarde
en la sombra conocida
de la higuera temprana.