PEQUEÑO GRANITO DE ANIS
Poeta asiduo al portal
El enfado de un existir y las motas viajantes en el aire que saben atravesar los rayos del sol, es todo lo que tiene ahora y que considera suyo.
También lo es y muy suyo, un dolor de estómago que no se cura con los thesitos del brujo de cabecera más afamado del barrio, ni con el bicarbonato, ni con la imaginación.
La huelga de dedos quietos le llegó, ya no más “Asesinos invisibles” o anécdotas forjados en el “Abrevadero de los dinosaurios”. Las muertes gratuitas se quedaron sin pagador. ¿Como sucedió?, Fue como si un revólver solito, le apuntará a la espada y le dijera “¡Ya basta…Se acabó¡
-¡Por fin me he librado del “Daimond”!- Pensó. Una lucha brutal de años y años. Desdoblamientos de personalidad que le convirtieron en un rompecabezas sin cabezas para romper.
Nada, solo reflexiones acerca de las “genialidades” como el sufrimiento (ley de la vida), la necesidad de continuar la raza humana mediante un mecanismo triunfal - Por que si no fuese de esa manera ya estuvieramos extintos - con tintes de pavor y felicidad transitoria llamado “Amor”…La mentira de que los hijos son nuestros y que somos los amos del mundo, vituperando ser los “más chichos” para aprovecharnos de los demás.
Y la muerte.
Esa que a veces llega y no. Qué se hace la interesante como cierta mujer de apellido F…
-Te has ido “Daimond” (así le llamaba a la adicción de escribir, haciendo alegoría de la palabra demonio) que me esclavizaste tanto tiempo a un vuelo de pluma, a la compulsión enfermiza de cantar cantares y de hacer trizas los corazones o levantarlos en altares cual si fueran dioses en un Olimpo inventado por mí-
Libertad para reencontrarse después de tanto tiempo perdido, en la tórrida vida de su personaje favorito "Vicenzo" o metido en la gabardina de aquel hombre solo, que tomó el teléfono para después de 13 años decir…nada.
Tomó la decisión de disfrutar de un Gin & Tónic o un seco martini, comprar el diario de la tarde y regresar al pequeño bar –¡Brindar por la huelga de dedos caídos!-.
Se sentó en aquella mesita redonda, pegada a la ventana empañada de mugre. Llamó al mesero y pidió el martini. El dolor de estómago agudizó. ¡Cómo tardaba aquel mesero! en cuanto llegue le refrescaría su…
-Señor, su martini. Mi nombre es Rizo pero puede llamarme “Daimond” Estaré cerca, muy cerca de usted.
Le comento que aquí no dejamos pasar armas, por lo que decomisamos la que traía en la bolsa de la gabardina //buen revolver por cierto, de esos que se manejan solitos, como el que portaba el famoso asesino invisible ¿Se acuerda?//…
Le volvió el dolor de estómago acompañado de una ligera nausea, se tomó el martini de un jalón y el vagido le cubrió cuando “Daimond”, con una sonrisa torcida le guiñó un ojo y le acercó... un rompecabezas…©
También lo es y muy suyo, un dolor de estómago que no se cura con los thesitos del brujo de cabecera más afamado del barrio, ni con el bicarbonato, ni con la imaginación.
La huelga de dedos quietos le llegó, ya no más “Asesinos invisibles” o anécdotas forjados en el “Abrevadero de los dinosaurios”. Las muertes gratuitas se quedaron sin pagador. ¿Como sucedió?, Fue como si un revólver solito, le apuntará a la espada y le dijera “¡Ya basta…Se acabó¡
-¡Por fin me he librado del “Daimond”!- Pensó. Una lucha brutal de años y años. Desdoblamientos de personalidad que le convirtieron en un rompecabezas sin cabezas para romper.
Nada, solo reflexiones acerca de las “genialidades” como el sufrimiento (ley de la vida), la necesidad de continuar la raza humana mediante un mecanismo triunfal - Por que si no fuese de esa manera ya estuvieramos extintos - con tintes de pavor y felicidad transitoria llamado “Amor”…La mentira de que los hijos son nuestros y que somos los amos del mundo, vituperando ser los “más chichos” para aprovecharnos de los demás.
Y la muerte.
Esa que a veces llega y no. Qué se hace la interesante como cierta mujer de apellido F…
-Te has ido “Daimond” (así le llamaba a la adicción de escribir, haciendo alegoría de la palabra demonio) que me esclavizaste tanto tiempo a un vuelo de pluma, a la compulsión enfermiza de cantar cantares y de hacer trizas los corazones o levantarlos en altares cual si fueran dioses en un Olimpo inventado por mí-
Libertad para reencontrarse después de tanto tiempo perdido, en la tórrida vida de su personaje favorito "Vicenzo" o metido en la gabardina de aquel hombre solo, que tomó el teléfono para después de 13 años decir…nada.
Tomó la decisión de disfrutar de un Gin & Tónic o un seco martini, comprar el diario de la tarde y regresar al pequeño bar –¡Brindar por la huelga de dedos caídos!-.
Se sentó en aquella mesita redonda, pegada a la ventana empañada de mugre. Llamó al mesero y pidió el martini. El dolor de estómago agudizó. ¡Cómo tardaba aquel mesero! en cuanto llegue le refrescaría su…
-Señor, su martini. Mi nombre es Rizo pero puede llamarme “Daimond” Estaré cerca, muy cerca de usted.
Le comento que aquí no dejamos pasar armas, por lo que decomisamos la que traía en la bolsa de la gabardina //buen revolver por cierto, de esos que se manejan solitos, como el que portaba el famoso asesino invisible ¿Se acuerda?//…
Le volvió el dolor de estómago acompañado de una ligera nausea, se tomó el martini de un jalón y el vagido le cubrió cuando “Daimond”, con una sonrisa torcida le guiñó un ojo y le acercó... un rompecabezas…©
Última edición: