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La legión de la noche

Tema en 'Fantásticos, C. Ficción, terror, aventura, intriga' comenzado por Kein Williams, 3 de Febrero de 2026 a las 4:48 AM. Respuestas: 0 | Visitas: 16

  1. Kein Williams

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    El Monstruo del Armario no tiene nombre. Los niños que lo vieron y vivieron para contarlo lo llamaron «el Devoraniños», «el Largo», o simplemente «Él».

    Nadie sabe cuándo empezó. Algunos dicen que nació la primera vez que un niño cerró los ojos sabiendo que nadie vendría si gritaba. Otros aseguran que es tan antiguo como los armarios mismos, alimentándose de la soledad que queda cuando la luz de la mesita se apaga. Lo único cierto es lo que deja atrás.

    En 1974, en la casa de los Sullivan, encontraron al pequeño Patrick convertido en una especie de calcetín humano: toda su piel arrancada y vuelta del revés, los ojos cosidos en la nuca para que «pudiera ver lo que se había perdido».

    En 1989, en la habitación de los gemelos Alvarez, solo quedaron los pijamas puestos en las camas, rellenos de huesos limpios y ordenados como partes de un rompecabezas de 206 piezas.

    En 2003, la pequeña Mei-Ling desapareció dejando una única huella de mano en el techo: cinco dedos demasiado largos, impresos con sangre que nunca se secó del todo.

    El Monstruo no mata rápido. Colecciona. Guarda pedazos de cada niño en los pliegues de su cuerpo gris: una oreja aquí, un mechón de pelo allá, un diente de leche incrustado en la mejilla como joya. Y cada noche elige una nueva habitación, un nuevo armario, un nuevo niño que duerme abrazando algo en lo que cree que puede confiar.

    Pero Billy Neary sabe que su abrazo guarda algo real. Desde que perdió a su padre, que siempre le decía «no estás solo», Billy abraza a Teddy con fuerza. Ese osito con un solo ojo, cosido y recosido tantas veces que su cuerpo es más cicatrices que felpa, es su escudo. Mientras exista ese abrazo, Teddy vuelve a levantarse.
    Cada madrugada a las 3:12, la Legión de la Noche se reúne para proteger a Billy.

    Están los veteranos: El capitán Mallory, soldado verde con la pierna rota pero el fusil siempre cargado; Rocking Joe, el caballo de madera partido por la mitad, que ahora avanza arrastrándose con furia; Cindy, la muñeca sin pelo de su hermana, que lleva tijeras oxidadas de verdad en la mano derecha; y Thomas el tren, aún humeante de la última explosión.

    Y están los nuevos reclutas, los que llegaron después de la última gran batalla: El batallón de piezas Lego que se ensamblan solas formando tanques, catapultas y trampas afiladas; las cuatro Tortugas Ninja de goma dura con sus bō, katanas, nunchakus y sais afilados por años de uso en batalla. Pikachú, el peluche oficial que ya no dice «Pika-pika» sino un gruñido eléctrico; Charizard, que escupe fuego de verdad cuando la batería secreta de su interior se calienta; Gokú, con su Kamehameha y el Ultra instinto.

    Y al mando de todos, Teddy, El Que No Muere. El osito con un solo ojo, cosido y recosido tantas veces que su cuerpo es más cicatrices que felpa. Teddy nunca muere. Nunca puede morir. Porque Billy lo abraza cada noche, y mientras haya amor en ese abrazo, Teddy vuelve a levantarse. Esta noche el armario se abre de golpe.

    El Monstruo sale más grande que nunca, hinchado por los restos de tres niños que atrapó la semana pasada en la casa de los O’Donnell. Lleva un ojo nuevo —azul, todavía con pestañas— pegado en la frente y huele a cuarto de juegos abandonado.

    Las Tortugas Ninja son las primeras en atacar: Leonardo y Raphael saltan de la estantería y clavan su katana y su sai en las piernas grises. Michelangelo hace girar los nunchakus y rompe tres dedos del Monstruo. Donatello lanza su bō como lanza que se hunde hasta el mango. El Monstruo ruge y aplasta a Donatello contra el suelo. El caparazón se parte en dos, pero las piezas rotas empiezan a arrastrarse de vuelta, buscando recomponerse. Los Lego construyen rápido un muro de pinchos y catapultas que disparan tachuelas. Cada impacto arranca pedazos de carne gris que se retuercen como gusanos. Pikachú salta al hombro de Charizard. Mientras Gokú se acomoda en el otro. Listos todos para un mega ataque.

    —¡Pika… CHÚÚÚÚ! —gruñe con fuerza.

    —¡Kame… hame… HAAAA! —rugió Gokú, desatando su poder.

    Y mientras tanto Charizard usa Lanzallamas.

    El triple ataque cruza la habitación y quema medio torso del Monstruo, lo que lo obliga a retroceder hasta el armario. El capitán Mallory dispara su última granada, Rocking Joe se lanza en un galope suicida y muerde la garganta llena de bocas, mientras Cindy trepa por la espalda del Monstruo y le clava las tijeras en uno de los ojos robados.

    El Monstruo está perdiendo. Pero aún tiene fuerza para un último zarpazo. Agarra a Teddy con una mano llena de uñas y lo levanta en el aire.

    Las luces parpadean. Billy se mueve en sueños, murmura algo y abraza más fuerte la almohada vacía donde debería estar Teddy. El Monstruo aprieta. Las costuras de Teddy crujen. El relleno empieza a salir.

    Entonces sucede lo imposible. Todas las piezas rotas, todos los juguetes destrozados, brillan al unísono. Las Tortugas se vuelven a unir, los Lego se reconstruyen más altos y afilados. Pikachú y Charizard se vuelven Gigamax y crecen hasta tocar el techo. Y mientras tanto Gokú usa el Ultra Instinto perfeccionado, en su forma gigante.

    El Monstruo se ve acorralado. Nunca lo habían humillado de esta forma. El polvo de batallas previas —plástico, tela, ceniza— se arremolina y vuelve a formar cuerpos. Porque mientras Billy siga abrazando en sueños lo que queda de Teddy, la Legión nunca estará realmente rota.

    Teddy abre su único ojo y, con una voz que es el susurro de todas las noches en que Billy tuvo miedo y fue consolado, dice:

    —Suéltame.

    Y el Monstruo lo suelta.

    Retrocede, quemado, cortado, aplastado, humillado como nunca antes. Y luego, la puerta del armario se cierra de golpe.

    Cuando amanece, Billy encuentra a Teddy en la cama, entero, con una costura nueva en el cuello que su madre jurará que no puso. Encuentra también un Lego suelto bajo la cama, una katana de juguete rota, unas botas azules extrañamente pesadas, y una escama chamuscada de Charizard. Guarda todo en la caja de juguetes sin entender por qué. Y en lo profundo del armario, el Monstruo se lame las heridas; esperando la próxima noche.

    Pero en la habitación de Billy Neary, la Legión ya se reparaba…
    …piececita por piececita…
    …costura por costura…
    …batería por batería.

    Listos para la guerra que nunca termina. Pues mientras un niño abrace a su osito…
    …el Monstruo jamás vencerá.
     
    #1

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