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La lengua pura

Orfelunio

Poeta veterano en el portal
La lengua pura



El sonido del raíl
acabó por despertarme;
en el andén encrucijada de caminos,
que vistiendo galas era un puente,
adornado con pétalos de flores
del jardín que no se vuelve,
se escuchaban los aplausos
y los oros, de los dientes más señores.


Al centro de una fuente
acudían pasajeros,
a beber el agua corriente
con propiedades para el ama
si era un alma penitente..


Un señor con cetro gobernaba
sobre todo vidente; llevaba un sombrero
y fumaba un puro doliente.
Habló durante cinco minutos
sobre el tren y su salida inminente.


Pregunté por el siguiente destino
y el silencio estuvo latente.
Quizá pregunté al asesino
por eso callaron las bocas silentes.


El miedo se apoderó de nosotros,
y tan veloz era el paso siguiente,
que el tren nunca estuvo parado
y la misa era un acto del vientre.


Por los siglos de los siglos,
por los sueños de los sueños;
por los vivos y los muertos,
por los muertos redivivos.


Por los mástiles de trapo,
por los santos más cobardes,
por los tontos moldeables;
por los fuelles desmontables,
por los cuerdos miserables.


Pongo un vaso, y un ungüento,
tomo el pan y mojo dentro,
comen todos del momento,
quien no come ya está muerto.


No comí, y fui castigo en la carne
y en mis huesos…
Soy eterno. Vuestro padre el embustero
me hizo rey de los avernos.


Si la mentira es la más reina
de las cimas del cotero,
descendió hasta las espinas
del más pez de los corderos.


Más mentira que ninguna
es morir después verlas;
si verdad fuera más dura,
verdadero un puro fuma
quien gobierna de estatura
y nunca muere por usura.


Egoísta es vuestro Dios
que es eterno parangón;
siempre vive, siempre yo,
siempre ríe, siempre soy;
siempre dice aquello no,
y ni maldice su aguijón.


¿Por qué me matas omnipotente,
por qué no sacas tus milagreos,
por qué me escondes tu vida y muerte,
por qué me tienes de pasajero?


No me sostengas mi sol más bello,
que un sol me tiene contando pelos,
que son los días que aún me quedan
para vivirlos sin tu mal sueño.


¡Arrepentíos, arrepentíos!,
arrepentíos que yo ahora vengo;
que no se os pasen las oraciones,
que sois los ángeles de mi degüello.


Y no temáis la noche oscura
en que caigáis por la hermosura,
ni despreciéis vuestra mañana
al levantar la comisura;
que toda junta la hizo la gana,
que hasta el rebuzno es de la burra
como el palmito es de filigrana,
y de vosotros la lengua pura.
 

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