LA LIEBRE
Los ladridos de galgos excitados
corriendo tras su presa
me sacan, por sorpresa,
de unos instantes medio amodorrados.
La placidez de la tarde perdida
por los alborozados
gañidos de lebreles
celebrando la liebre conseguida
y la llegada de los cazadores
hacen que me retire
lejos de pensamientos soñadores.
El aroma nocturno de claveles,
jazmines y otras flores
incita a que respire
profundo el aire puro de la noche.
A su frescura doy la bienvenida
por ser para mi calma el justo broche.