Abel Fariña
Poeta recién llegado
Fueron tus manos las que me apresaron a tu amor,
similares a esas manos tiernas que acarician las mejillas de un inocente niño,
dándole consuelo,
las tuyas me consolaban las heridas profundas que habitaban en mí.
Entrelazando mis dedos con los tuyos me sentía el hombre más inmortal,
con la confianza y el poder semejante a Sansón y su cabello,
me dabas esa fuerza descomunal de la ternura.
Nervioso al tener tus manos cerca,
no paraban de sudar las mías,
como llorando de alegría por tener al amor de su vida,
porque son tus lindas manos mi felicidad,
mi bienestar,
mis alegrías,
sin duda, mi mejor poesía.
Abel Fariña