danie
solo un pensamiento...
Sobre grietas esotéricas
del sollozo de un arquetipo
con luz de entelequia
que crece como helecho,
como madrigales áridos en mi esperanza,
hay oscuridades de una esfinge abrasiva
y su encomia que ampara
el manar de un manantial
de vacíos y de nadas.
Vertida mueca del íntimo anhelo de un ángel,
de un hada
de acordes seráficos
con hebras de oro,
cal, arena y piedra
que oxidan al raigón abolengo
de una furibunda condescendencia.
¡¡¡Ay!!! Máquina
de la luz y las sombras,
Ninfa de engranajes siempre lubricados
por las opacas letras escritas en la mente,
de pensamientos
que desfilan al borde del precipicio
y se lanzan una
y otra vez
buscando la luz de un canto,
la oda volátil y plumífera del retrato
de un acordeón del cielo.
¡¡¡Ay!!! Mecánica inventiva,
la máquina del ensueño,
la máquina de la alquimia de una luz
entre los muros de la noche
que acorralan la música del cuerpo,
y su abismo fiero con su punitivo
ojo de pecina y hierro,
con su retozo ebrio de misterio
que fosiliza al pájaro cantor del sol.
Yo creé esta máquina para mí,
para complacer a mi egoísmo ubérrimo
de existir,
para destilar las alboradas de los días
fuera de los abrojos negros,
un horizonte de ojos ciegos
que bordean mi corazón,
también para aletargar a mis recuerdos
y despabilarlos
cuando duermo en el invierno de la vida
y despierto en las fábulas rosáceas
de una quimérica seducción.