carlos lopez dzur
Poeta que considera el portal su segunda casa
En extrañas trayectorias, discontinuas,
en apariencias fracturadas, se me puso;
en el éter que me da memoria,
del bloque extendido de la Cuerda,
el Lazo, el Filamento, la energía indestructible,
yazgo como un niño del cosmos.
En el centro del mandala, doy mis voces
mis saltos, mis miradas, me circulo.
Desde ahí pido el pan y discurso mi sed
y el hambre eterna; desecho los vestidos
de mi temperamento, huyo
de las zonas cavernarias
y los rituales sangrientos del jipucho.
Es preferible que me sostenga
esa cuerda de entropía,
ese lazo que baja hasta mi círculo
(en la tierra espero yo como lampírido)
Una oscilación de maravilla
ordena, alcánzalo,
aférrate a este don que viene
del Destello Luminoso
y voy hacia esa luz como una mariposa,
seducida por el lenguaje visual
y sus colores.
<b>2.
Cada vez que puedo y, con sinceridad, pido perdón.
Nací hijo de erranza. Me equivoco.
Algo que tiene su luz (y es indispensable)
me falta. Alumbraría mi camino.
Por eso voy por luz.
De tinieblas me canso, me escapo y, entonces,
combato el desierto de sombras.
Estoy lleno de anhelos.
Y, en las tinieblas, no es tan comprensible.
El desgaste es rutinario. Pero, aún así,
yo buscaré mi luz. Voy. Hago caminos.
Terco, rebelde, aventurero, desafío
el mínimo de tiempo.
Mi prisa se come los espacios
y fuera del sitio me encuentro.
Nunca estoy tarde, no.
Declarado en perdón, irónico, lo que se observa es
que, por un poco de luz, llego. Quien es ciego
y, más que ciego, tonto, soy yo. Y regreso.
Soy el que se expone, se humilla.
Estoy en el camino. Es lo que importa.
Con sinceridad pido perdón cada vez que puedo.
Nací hijo de erranza. Me sofoqué, intentándolo.
Choqué contigo. Finalmente, tuve un mal resultado.
Me engañó el parecido. Fui el primero en llegar, ¿no?
pero no hallé mi luz apetecida.
Quisiera que no se perdiera el momento
en que ella resplandece. El tiempo es oro, ¿no?
Por estarme a tiempo, yo haría todo lo oportuno.
Robaría el fuego una y otra vez.
Lo valioso quema los dedos de otras manos
que no lo amarán tanto como yo.
Eso es más penoso que el equívoco.
Lo que anhelo es tan grande que no pido el permiso
de buscarlo. Si mi trámite hago y es solicitud
descartada, yo muero. Excusarme
pues no me duele, humilla menos.
Cada vez que puedo y con sinceridad pido perdón.
Nací hijo de sombras y atisbos, de premura y ansia.
Pero, si acertara a gritar a la luz:
«Te quiero, ven conmigo», ¿acaso no dejaré de ser
el hijo de la Erranza, luchador en tinieblas?
3-12-1994 / De «El hombre extendido»
http://www.blogmyway.org/entry.php?w=carloslopezdzur&e_id=15046
en apariencias fracturadas, se me puso;
en el éter que me da memoria,
del bloque extendido de la Cuerda,
el Lazo, el Filamento, la energía indestructible,
yazgo como un niño del cosmos.
En el centro del mandala, doy mis voces
mis saltos, mis miradas, me circulo.
Desde ahí pido el pan y discurso mi sed
y el hambre eterna; desecho los vestidos
de mi temperamento, huyo
de las zonas cavernarias
y los rituales sangrientos del jipucho.
Es preferible que me sostenga
esa cuerda de entropía,
ese lazo que baja hasta mi círculo
(en la tierra espero yo como lampírido)
Una oscilación de maravilla
ordena, alcánzalo,
aférrate a este don que viene
del Destello Luminoso
y voy hacia esa luz como una mariposa,
seducida por el lenguaje visual
y sus colores.
<b>2.
Cada vez que puedo y, con sinceridad, pido perdón.
Nací hijo de erranza. Me equivoco.
Algo que tiene su luz (y es indispensable)
me falta. Alumbraría mi camino.
Por eso voy por luz.
De tinieblas me canso, me escapo y, entonces,
combato el desierto de sombras.
Estoy lleno de anhelos.
Y, en las tinieblas, no es tan comprensible.
El desgaste es rutinario. Pero, aún así,
yo buscaré mi luz. Voy. Hago caminos.
Terco, rebelde, aventurero, desafío
el mínimo de tiempo.
Mi prisa se come los espacios
y fuera del sitio me encuentro.
Nunca estoy tarde, no.
Declarado en perdón, irónico, lo que se observa es
que, por un poco de luz, llego. Quien es ciego
y, más que ciego, tonto, soy yo. Y regreso.
Soy el que se expone, se humilla.
Estoy en el camino. Es lo que importa.
Con sinceridad pido perdón cada vez que puedo.
Nací hijo de erranza. Me sofoqué, intentándolo.
Choqué contigo. Finalmente, tuve un mal resultado.
Me engañó el parecido. Fui el primero en llegar, ¿no?
pero no hallé mi luz apetecida.
Quisiera que no se perdiera el momento
en que ella resplandece. El tiempo es oro, ¿no?
Por estarme a tiempo, yo haría todo lo oportuno.
Robaría el fuego una y otra vez.
Lo valioso quema los dedos de otras manos
que no lo amarán tanto como yo.
Eso es más penoso que el equívoco.
Lo que anhelo es tan grande que no pido el permiso
de buscarlo. Si mi trámite hago y es solicitud
descartada, yo muero. Excusarme
pues no me duele, humilla menos.
Cada vez que puedo y con sinceridad pido perdón.
Nací hijo de sombras y atisbos, de premura y ansia.
Pero, si acertara a gritar a la luz:
«Te quiero, ven conmigo», ¿acaso no dejaré de ser
el hijo de la Erranza, luchador en tinieblas?
3-12-1994 / De «El hombre extendido»
http://www.blogmyway.org/entry.php?w=carloslopezdzur&e_id=15046