nuna
Poeta que considera el portal su segunda casa
Besé la espina del lamento
enriqueciendo mi pobreza
y llorando sobre las flores
la flaqueza de mi aliento,
¡Abrí mi pecho!
Dando vida a mi plegaria.
Sus finos destellos ondulaban,
cual banderas sagradas
repoblando de vida
las calles vacías del alma,
busqué las caricias del viento
acoplándome entre su abrazo
y al igual que un hábil trapecista,
atravesé la fría noche
emigrando de su oscuro cielo.
El misterioso aroma del silencio
me envolvía en hogueras de blancura
y renovando mi existencia
entre sus aguas mudas,
renació la luz arrebatando
el poder a mis sombras,
aquella lámpara esclarecida
cerró las puertas de mi pena,
arrancando de mis labios
la memoria de tus besos...
NUNA.