DIEGO
Poeta adicto al portal
La mitad de las sábanas encuentran en la soledad, la quietud.
Aniquilo espacios otrora invadidos de sonidos y perfumes; ingreso en la utópica máquina de los sueños (utópicos).
Desechando los ruidos innecesarios de pesadillas acodadas en cada rincón de los senderos volátiles del descanso, transito con lentitud exasperante la vorágine de imágenes que nada dicen y mucho representan. No encuentro la que necesito aún.
Así desilacho la noche entre idas y vueltas del cuerpo y la conciencia, que se mantiene ágil y vigía con tanta ejercitación obligada.
No estás allí donde acumulo olvidos, no estás aquí (lo certifica tu ausencia),
Y es que no encuentro la pista que derive en tu risa ni en tu llanto. Perdido.
Se me hace cuento que fabularas tu existencia con el solo propósito de distraerme, de engañarme, de confundirme.
La mitad de la almohada está impecable, sin embargo juraría que alguna vez vistió huecos, muy temprano en la mañana.
No lo sé, ni allí en las penumbras de la imaginación inaudita, ni cerca, en la tangible realidad que a diario aborrezco desde la ausencia.
No es demencia escuchar al corazón galopar entrecortado ¿o si?...
La mitad de sus latidos enmudecen al compás del recuerdo adormecido.
La avanzada de la razón desanda esta madeja sin final.
Las mitades de mis cosas, de las ¿tuyas?, de mi vida, están faltando, y no encuentro un final para el final.
Aniquilo espacios otrora invadidos de sonidos y perfumes; ingreso en la utópica máquina de los sueños (utópicos).
Desechando los ruidos innecesarios de pesadillas acodadas en cada rincón de los senderos volátiles del descanso, transito con lentitud exasperante la vorágine de imágenes que nada dicen y mucho representan. No encuentro la que necesito aún.
Así desilacho la noche entre idas y vueltas del cuerpo y la conciencia, que se mantiene ágil y vigía con tanta ejercitación obligada.
No estás allí donde acumulo olvidos, no estás aquí (lo certifica tu ausencia),
Y es que no encuentro la pista que derive en tu risa ni en tu llanto. Perdido.
Se me hace cuento que fabularas tu existencia con el solo propósito de distraerme, de engañarme, de confundirme.
La mitad de la almohada está impecable, sin embargo juraría que alguna vez vistió huecos, muy temprano en la mañana.
No lo sé, ni allí en las penumbras de la imaginación inaudita, ni cerca, en la tangible realidad que a diario aborrezco desde la ausencia.
No es demencia escuchar al corazón galopar entrecortado ¿o si?...
La mitad de sus latidos enmudecen al compás del recuerdo adormecido.
La avanzada de la razón desanda esta madeja sin final.
Las mitades de mis cosas, de las ¿tuyas?, de mi vida, están faltando, y no encuentro un final para el final.
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