La monja IV

Lírico.

Exp..
La monja IV

La música del cuerpo se abre paso.
La carne es un concierto de violines.
Amores bajo incierto cielo raso.
La monja por el huerto sin confines.
Se siente desplomada en un descenso
desde el brocal al pozo en melodía.
Los ojos del muchacho son vacía,
terrible oscuridad de extraño incienso.
No sabe qué le ocurre pero intenta
salir de la penumbra en que se sume.
Es tarde para todo y se lamenta
quejándose hacia un fin que la consume.
Sonríe ese muchacho mientras sufre
la monja en su condena hecha de azufre.
 

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