Como los surcos del arado
tiene mi vida señales,
heridas hondas que curaron,
heridas hondas que lloran
y no cesa su amargura.
Pero el día tapa el duelo,
lo encierra en su nicho
y nadie lo ve.
Muertos que arrastro siempre,
muertos secos,
muertos que no se les llora.
Pero el dulce llanto de un niño,
su risa,
la lenta lluvia que riega mi jardín,
el canto de los pájaros
ponen una montera,
de cristal transparente
en medio de mi vida,
que hace que parezca
un mal sueño
mis heridas.
tiene mi vida señales,
heridas hondas que curaron,
heridas hondas que lloran
y no cesa su amargura.
Pero el día tapa el duelo,
lo encierra en su nicho
y nadie lo ve.
Muertos que arrastro siempre,
muertos secos,
muertos que no se les llora.
Pero el dulce llanto de un niño,
su risa,
la lenta lluvia que riega mi jardín,
el canto de los pájaros
ponen una montera,
de cristal transparente
en medio de mi vida,
que hace que parezca
un mal sueño
mis heridas.
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