Bajo la tenue llama de un candil maldito,tus ojos de irisada gema gotean lágrimas que hacen florecer mustios rosales espinosos en la tierra de tu baldío y condenado corazón herido.Desearías pronunciar en medio del sacrosanto silencio el nombre de tu amada ya hace tiempo durmiendo el sueño profundo de la negra muerte;yaciendo hierática en la fosa sepulcral de un cementerio perdido en la infinitud de las vagas brumas de tu pesadumbre desconsolada.¡No sufras más!,Dios,herido en lo más íntimo de su inescrutable y abismal espíritu celestial,también comparte contigo la gloriosa tristeza de un amor perdido para siempre.Y te susurra a tu terso oído de dios vencido por las cuitas que Fatalidad golpeó en tu cabeza de oro refulgente,que te entregues en cuerpo y alma a la vastedad inconmensurable de un horizonte plagado de estrellas testamentarias que levitan intranquilas,mientras tu,sonámbulo aún por el negro velo del olvido,sueñas todavía con aquella espectacular efigie de madonna griega que tanto te besaba en tu boca hecha añicos por una ardiente pasión que ambos,como serafines alados de nimbeada aurora celestial,practicabais en presencia del celo ardiente del demonio de las mil pesadillas.Pero todo eso ha pasado.Tu amor te llama del otro lado para que te fundas en una apoteosis sagrada.