frank_calle
Poeta que considera el portal su segunda casa
Quiero escribir hoy un poema diferente.
Un poema difícil,
que me busca y no me encuentra.
Le esperé por muchos días,
un poema muy difícil,
un poema de muerte.
Llegó por fin, llegó entre sueños:
De pronto me veo en un lugar desconocido.
Una casa extraña, inmensa,
con personas que parecen zombis vudú.
Pudiera irme, pero no quiero…
¿Seré Virgilio o seré Dante?
Todo es posible cuando se trata de un sueño.
Solo sé que estoy rodeado de gentes que no conozco,
y creo que no me conocen;
y siento que aquí nadie se conoce,
porque es un lugar muerto.
Veo a mí alrededor y casi no hay muebles.
Realmente no hacen mucha falta;
Los muebles son para utilizarlos
y aquí nada existe, nada sucede,
nada comienza,
y si nada comienza, nada acaba,
ni siquiera la muerte.
Veo en este salón una ventana y me acerco,
pero no da a ninguna parte.
Una ventana inútil, para personas inútiles.
Veo también una puerta grande y me acerco,
y veo que es la salida a un pequeño balcón,
con vista que da hacia una plaza extraña,
con personas acostadas en el piso,
como fosas abiertas, por miles,
cada quien metido dentro de un saco,
aunque no son cadáveres,
porque los cadáveres no se levantan a caminar,
como si no pasara nada,
como si nada les importara.
En realidad aquí nunca pasa nada.
Todos están vivos y están muertos;
es el lugar perfecto para los que nunca vivieron…
Son como el tiempo detenido,
congelado,
sin familia, sin un hijo, sin un amigo,
ni siquiera un perro…
Nunca leyeron un libro,
Nunca escribieron una carta.
Jamás fueron a un museo,
ni viajaron, ni practicaron deportes,
ni creyeron en el último Dios,
ni siquiera pueden morirse,
porque siempre estuvieron muertos…
Pensándolo bien,
he tenido un sueño increíble,
he visitado el silencio cuando se detiene el tiempo,
he visto de cerca la esencia de lo que queda,
cuando se vive sin recuerdos.
Hoy he visto la muerte de todas las muertes,
la muerte de los inútiles,
la muerte de los que no vivieron.
Simplemente, hoy soñé con el infierno…
Frank Calle (1º/ nov./ 2020)
Un poema difícil,
que me busca y no me encuentra.
Le esperé por muchos días,
un poema muy difícil,
un poema de muerte.
Llegó por fin, llegó entre sueños:
De pronto me veo en un lugar desconocido.
Una casa extraña, inmensa,
con personas que parecen zombis vudú.
Pudiera irme, pero no quiero…
¿Seré Virgilio o seré Dante?
Todo es posible cuando se trata de un sueño.
Solo sé que estoy rodeado de gentes que no conozco,
y creo que no me conocen;
y siento que aquí nadie se conoce,
porque es un lugar muerto.
Veo a mí alrededor y casi no hay muebles.
Realmente no hacen mucha falta;
Los muebles son para utilizarlos
y aquí nada existe, nada sucede,
nada comienza,
y si nada comienza, nada acaba,
ni siquiera la muerte.
Veo en este salón una ventana y me acerco,
pero no da a ninguna parte.
Una ventana inútil, para personas inútiles.
Veo también una puerta grande y me acerco,
y veo que es la salida a un pequeño balcón,
con vista que da hacia una plaza extraña,
con personas acostadas en el piso,
como fosas abiertas, por miles,
cada quien metido dentro de un saco,
aunque no son cadáveres,
porque los cadáveres no se levantan a caminar,
como si no pasara nada,
como si nada les importara.
En realidad aquí nunca pasa nada.
Todos están vivos y están muertos;
es el lugar perfecto para los que nunca vivieron…
Son como el tiempo detenido,
congelado,
sin familia, sin un hijo, sin un amigo,
ni siquiera un perro…
Nunca leyeron un libro,
Nunca escribieron una carta.
Jamás fueron a un museo,
ni viajaron, ni practicaron deportes,
ni creyeron en el último Dios,
ni siquiera pueden morirse,
porque siempre estuvieron muertos…
Pensándolo bien,
he tenido un sueño increíble,
he visitado el silencio cuando se detiene el tiempo,
he visto de cerca la esencia de lo que queda,
cuando se vive sin recuerdos.
Hoy he visto la muerte de todas las muertes,
la muerte de los inútiles,
la muerte de los que no vivieron.
Simplemente, hoy soñé con el infierno…
Frank Calle (1º/ nov./ 2020)
Última edición: