La muerte ha hecho un pacto conmigo




Con la cabeza decapitada asida aún en mi mano
derramo sangre proyectando mi próxima batalla,
guiado por el extinto saber sagrado y profano
que de entre tanto penitente sus secretos explaya.

Siento menos aún que mi retador recién caido.
Acaricio la empuñadura de mi espada manchada
sin el éxtasis de antaño, como un amor desteñido,
sin quimera, sin doncella esperando ser rescatada.

Y veo entre las nubes el mal color de mi conquista
la tierra ya era infértil antes que la plaga sembrara
y en aquel último grito su nombre al viento lanzara,
con esa hoz y su sarna, ponzoña en mis surcos enquista.

Y relincha mi caballo que desconoce a su dueño.
En sus grandes ojos mi vacuo reflejo me maldice.
A orillas de mi marcha no se interpone ribereño.
Cabalgo marchito a mi leyenda, pavor de un cuanto hice.

He desprovisto de sus almas a tal cantidad de huestes
que ya no me extraña ese rechazo entre mis propias filas,
que se me compare con la peor de todas las pestes
que a fuego muttla tan sólo al enfrentar las pupilas.

No oigo mis delirantes latidos, o a qué huele la furia.
Sin sostener mi pie seguirá cayendo el enemigo
el filo de mi acero costará al viento una centuria.
Si no he muerto es porque la muerte ha hecho pacto conmigo.

 
Un excelente poema en estilo gótico nos compartes que ocasiona en escalofrío en el lector, buenas imágenes fortalecen el ambiente satánico del tema.

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