La mujer que olía a madrugada

Jose Anibal Ortiz Lozada

Poeta adicto al portal
Mecenas
Ella llegaba siempre después de las dos,
cuando la ciudad comenzaba a parecerse al abandono
y los semáforos parpadeaban como corazones cansados.

Tenía perfume de lluvia vieja,
de cigarrillos apagados a medias,
de besos que alguien dejó pendientes en otra vida.

Nunca pregunté de dónde venía.
Las mujeres que huelen a madrugada
no pertenecen a ningún lugar.
Solo aparecen.
Como los insomnios.
Como las ganas de volver a cometer el mismo error.

Nos encontrábamos en cafés abiertos toda la noche
o dentro de mi carro,
mirando cómo las avenidas vacías parecían heridas iluminadas.
Ella hablaba poco,
pero tenía esa forma peligrosa de mirarme
como si ya conociera todas mis ruinas.

A veces reía.
Y juro que hasta la luna se detenía a escucharla.

Entre las dos y las cinco de la mañana
éramos algo parecido al amor,
aunque jamás tuvimos el valor de llamarlo así.

Ella apoyaba la cabeza en mi pecho
mientras afuera el mundo seguía derrumbándose lentamente,
y yo entendía por qué existen los hombres que se pierden voluntariamente.

Porque hay mujeres
que no llegan para quedarse.

Llegan para enseñarte
que algunas noches pueden tocarte el alma
más que toda una vida entera.
 
ninja poéticus :ninja: agua que no haz de bebe dejala correr, más, uno recuerda el agua que pasa con sed de nostalgia. Después de todo, la vida se va, los años vienen y muchas mujeres dejan de madrugar :roll:
 
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