Hiba
Poeta recién llegado
La mujer podía ver las cosas que se escondían. No era una cuestión aleatoria ni mucho menos intencional. No importaba la hora, el día, lugar o clima. Incluso cuando dormía era estampilla y se desplazaba descalza y desnuda a pegarse en las postales mentales del hombre. Leía dedicatorias y se deleitaba descifrando señales. De momentos era agua y se infundía en los poros del hombre…Otras veces era sol y mientras él se tendía sobre la arena le quemaba la piel como queriendo borrar algo. Una noche de otoño fue viento y al verlo sentado en su balcón le sopló al oído cosas que solamente él sabía. Se le enroscó al cuello hasta hacerlo vomitar y al día siguiente lo encontraron mudo en la puerta de su casa con la mirada prendida al reloj. Los días de otoño como loco la busca debajo de sus sábanas, en las gavetas, e incluso en la llama de su vela para preguntarle cómo lo supo. Nadie sabe lo que le susurró porque no puede contarlo.
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