La Negra Dama

Claudiabril

Claudia Abril
Yo estaba temblando,
pero no a causa del frío.
Él estaba llorando,
sabía que iba a morir.

Era la última vez que me miraba,
fijamente, al rostro.
Sabía que ya mañana moría
o en una semana,
tal vez aquel día.

Entre delirios hablaba,
la vejez le había robado el alma.
Pronto vendría la Negra Dama,
dispuesta a llevárselo con ella.

Él reía sumido en recuerdos,
pues la vida es sólo una ola de momentos.

Él sufría en silencio,
la Muerte le comía por dentro.

Entre suspiros se aferraba a la Vida,
aquella que pronto se iría.
Dejando a la Muerte en su lecho,
negociar con su alma consumida.
 
Yo estaba temblando,
pero no a causa del frío.
Él estaba llorando,
sabía que iba a morir.

Era la última vez que me miraba,
fijamente, al rostro.
Sabía que ya mañana moría
o en una semana,
tal vez aquel día.

Entre delirios hablaba,
la vejez le había robado el alma.
Pronto vendría la Negra Dama,
dispuesta a llevárselo con ella.

Él reía sumido en recuerdos,
pues la vida es sólo una ola de momentos.

Él sufría en silencio,
la Muerte le comía por dentro.

Entre suspiros se aferraba a la Vida,
aquella que pronto se iría.
Dejando a la Muerte en su lecho,
negociar con su alma consumida.


Será un trance por el que todos pasaremos este que describes, si es que tenemos conciencia de ello claro y nos da tiempo...
Antes me asustaba la muerte, después de verla en directo varias veces he dejado de sentir esa aprensión pero claro, cuando te toca en primera personal supongo que las emociones tienen que brotar por doquier, esa risa de sus recuerdos en medio de la ensoñación la has descrito estupendamente, como todo el poema. Te felicito por ello.

Un abrazo,

Palmira
 

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