La niña de azul en la plaza jugaba,
con risas de sol y destellos de mar,
sus sueños al viento alegre lanzaba,
mientras el día se iba a descansar.
Sus ojos brillaban con luces de estrella,
y el mundo a su paso se hacía canción,
su risa era un canto que el aire destella,
su voz un susurro de pura emoción.
En su vestido de cielo y de brisa,
la niña danzaba, ligera y feliz,
su alma flotaba en un mundo de risa,
creando un jardín de eterno matiz.
Los árboles viejos, testigos callados,
miraban su danza con ojos de paz,
los pájaros dulces, en nidos dorados,
cantaban al ritmo de su andar fugaz.
La niña de azul, un sueño en la tarde,
se funde en el cielo, se vuelve coral,
sus pasos de hada no dejan alarde,
se pierden suaves en la luz astral.
El tiempo en la plaza parece detenerse,
mirando a la niña de azul caminar,
su magia en el aire logra entretejerse,
haciendo que el mundo quiera soñar.
con risas de sol y destellos de mar,
sus sueños al viento alegre lanzaba,
mientras el día se iba a descansar.
Sus ojos brillaban con luces de estrella,
y el mundo a su paso se hacía canción,
su risa era un canto que el aire destella,
su voz un susurro de pura emoción.
En su vestido de cielo y de brisa,
la niña danzaba, ligera y feliz,
su alma flotaba en un mundo de risa,
creando un jardín de eterno matiz.
Los árboles viejos, testigos callados,
miraban su danza con ojos de paz,
los pájaros dulces, en nidos dorados,
cantaban al ritmo de su andar fugaz.
La niña de azul, un sueño en la tarde,
se funde en el cielo, se vuelve coral,
sus pasos de hada no dejan alarde,
se pierden suaves en la luz astral.
El tiempo en la plaza parece detenerse,
mirando a la niña de azul caminar,
su magia en el aire logra entretejerse,
haciendo que el mundo quiera soñar.