El suave ruido del cangilón
apacigua mi pensamiento.
El suspiro del agua
mientras pasea los cuencos
humedece la pequeña tarde de diciembre.
Cantan las gotas liquidas
y entran en el alma como un mantrax
mientras enero me abraza
con su manto blanquecino
anudado a la luz
fría y clara.
Tropiezo a veces
con una pared de agujas
que pinchan la piel
helando los pasos en el invierno
apacigua mi pensamiento.
El suspiro del agua
mientras pasea los cuencos
humedece la pequeña tarde de diciembre.
Cantan las gotas liquidas
y entran en el alma como un mantrax
mientras enero me abraza
con su manto blanquecino
anudado a la luz
fría y clara.
Tropiezo a veces
con una pared de agujas
que pinchan la piel
helando los pasos en el invierno