Carlos Rodríguez Morales
Poeta recién llegado
La oscura ciudad se tambalea
al son de tangos que nunca se escribieron
un coro de viudas vestidas de coralita
envuelven el espacio en que
la oscura ciudad
se pierde.
Se despliega
frente a los pies del mendigo
o al insomnio de los niños
la oscura ciudad y sus ritos
se tambalea en el oasis del tiempo
se manifiesta en la dislocada razón.
La sombra ejerce la idea
del final de los caminos
en este negro lugar de la conciencia
donde las aves se marchitan
y las flores no dan de beber.
Juego con perros que no pueden verme
alimento mascotas en la niebla
detrás de tantos y tantos recuerdos,
en mi cerebro opiáceo
las heridas vienen antes que yo.
De tanto fumar y fumar
en la entrada de todas las puertas
camino por los bulbos de la amapola
nada es preciso
si todas las nubes me descubren.
Las manos ciliadas
para conectar el mundo
preparan el viaje a los mares de cicuta
para besar el sol caleidoscópico de tus células
hasta renacer
en las piedras laicas de Samán.
Babilonia implacable
desata su ira de fuego sobre mis queras
centelleantes lámparas balancean la ciudad
donde los orgasmos cesan el movimiento
y por el vientre se escucha
el lamento del no nacido.
La gran hazaña de luz
que inspiro a los poetas muertos
dejara de ser sangre en las laderas
se volverá fruta cósmica, león enjaulado
paz entre los hombres,
la voluntad será una consecuencia del miedo.
No pondré escarcha
en los callejones de Babilonia
dejo cartílagos en los bares
una morisqueta sucia en los espejos
mi sonrisa
una síntesis de tu esqueleto mal perfumado.
Mis hermanos son millones en los agujeros
donde el vaho del invierno
quema las mejillas de los niños
y el tiempo pasa sin encontrarme.
Para saber por dónde nos confunde la muerte
hay que besarla.
al son de tangos que nunca se escribieron
un coro de viudas vestidas de coralita
envuelven el espacio en que
la oscura ciudad
se pierde.
Se despliega
frente a los pies del mendigo
o al insomnio de los niños
la oscura ciudad y sus ritos
se tambalea en el oasis del tiempo
se manifiesta en la dislocada razón.
La sombra ejerce la idea
del final de los caminos
en este negro lugar de la conciencia
donde las aves se marchitan
y las flores no dan de beber.
Juego con perros que no pueden verme
alimento mascotas en la niebla
detrás de tantos y tantos recuerdos,
en mi cerebro opiáceo
las heridas vienen antes que yo.
De tanto fumar y fumar
en la entrada de todas las puertas
camino por los bulbos de la amapola
nada es preciso
si todas las nubes me descubren.
Las manos ciliadas
para conectar el mundo
preparan el viaje a los mares de cicuta
para besar el sol caleidoscópico de tus células
hasta renacer
en las piedras laicas de Samán.
Babilonia implacable
desata su ira de fuego sobre mis queras
centelleantes lámparas balancean la ciudad
donde los orgasmos cesan el movimiento
y por el vientre se escucha
el lamento del no nacido.
La gran hazaña de luz
que inspiro a los poetas muertos
dejara de ser sangre en las laderas
se volverá fruta cósmica, león enjaulado
paz entre los hombres,
la voluntad será una consecuencia del miedo.
No pondré escarcha
en los callejones de Babilonia
dejo cartílagos en los bares
una morisqueta sucia en los espejos
mi sonrisa
una síntesis de tu esqueleto mal perfumado.
Mis hermanos son millones en los agujeros
donde el vaho del invierno
quema las mejillas de los niños
y el tiempo pasa sin encontrarme.
Para saber por dónde nos confunde la muerte
hay que besarla.