Una palomilla mantengo viva en tu nombre
todas las tardes.
Casi siempre serena se yergue
y calienta la diminuta estancia
de un vaso de cristal grueso
que es su casa.
Un aroma cálido
y de sobra conocido
me acompaña en mi estudio,
me distrae a veces indiscreto
y se asoma a mis sentidos
para captar mi pensamiento ajeno a ella.
A veces salta
como si el aire la moviera empujándola
y sus colores se mezclan rápidos,
peleándose el azul con el amarillo,
juntándose apenas,
como si con un pincel fuera atrapada.
Pero ella a tu nombre va
tarde tras tarde
y yo, incapaz de pensar en ti todo ese rato,
le encomiendo esa misión
que sigue a rajatabla
hasta que su vida se desgasta
desleída lentamente
en el oxígeno y el aceite,
y la voluntad de mi fuego
que la prende siempre
hasta que su pequeña vida se apaga.
todas las tardes.
Casi siempre serena se yergue
y calienta la diminuta estancia
de un vaso de cristal grueso
que es su casa.
Un aroma cálido
y de sobra conocido
me acompaña en mi estudio,
me distrae a veces indiscreto
y se asoma a mis sentidos
para captar mi pensamiento ajeno a ella.
A veces salta
como si el aire la moviera empujándola
y sus colores se mezclan rápidos,
peleándose el azul con el amarillo,
juntándose apenas,
como si con un pincel fuera atrapada.
Pero ella a tu nombre va
tarde tras tarde
y yo, incapaz de pensar en ti todo ese rato,
le encomiendo esa misión
que sigue a rajatabla
hasta que su vida se desgasta
desleída lentamente
en el oxígeno y el aceite,
y la voluntad de mi fuego
que la prende siempre
hasta que su pequeña vida se apaga.