Se derrama la luz por las aceras
rozando la calma que se enrosca
a las siestas de septiembre
con el corazón dormido en la espera.
Diluyéndose despacio
la claridad sobre la piedra.
El aire de la marisma
apareció casi a tientas,
cuando el sueño hacía tiempo
que estaba sobre la cama.
Mi piel , acariciada por el céfiro,
se abraza a tu espalda,
y mis piernas juegan con la colcha.
Volaron las horas negras
sobre la niebla del “ no darse cuenta”
hasta que el naranja adorno del horizonte
se poso sobre mi cara.
La pantera de mi cuerpo
se disfumino en el alba,
tu brazo marco el limite con su peso
y quedo mi sueño estático.
rozando la calma que se enrosca
a las siestas de septiembre
con el corazón dormido en la espera.
Diluyéndose despacio
la claridad sobre la piedra.
El aire de la marisma
apareció casi a tientas,
cuando el sueño hacía tiempo
que estaba sobre la cama.
Mi piel , acariciada por el céfiro,
se abraza a tu espalda,
y mis piernas juegan con la colcha.
Volaron las horas negras
sobre la niebla del “ no darse cuenta”
hasta que el naranja adorno del horizonte
se poso sobre mi cara.
La pantera de mi cuerpo
se disfumino en el alba,
tu brazo marco el limite con su peso
y quedo mi sueño estático.