Rei Regis Caceres
Poeta que considera el portal su segunda casa
Viajando a Península de Monterrey
acompañado de mi amada,
visual deleite de mar y acantilados,
atraves de la ruta del Big Sur
en un día de encanto inesperado,
brillante el sol, de marco un azul cielo,
glorioso día para enamorados
.
Al oeste, el Pacifico vestido de zafiro,
al este, árida y rocosa cordillera,
el mar la costa con furia castigando
a lo largo de la ruta que nos lleva,
llegando a la Península de Monterrey
lugar de exquisitez que te enamora,
de elementos que en conspiración,
todos los sentidos a la vez animan
.
Extasiada, mi vista recorre su bahía,
amalgamando tonos verde - azules
en genial pincelada de colores,
que a la luz al firmamento debe
y el sol en mágicos destellos,
sobre la fina arena que deslumbra
creando un panorama bello
.
La audición se aviva cuando oye,
el incesante cancionero de las olas
y el romance musical de las gaviotas,
unidos al continuo susurrar del viento
al soplar sobre las copas de los pinos,
doblegando su tocado al viento
y señalando su invariable derrotero,
de norte a sur soplando intenso
.
El olfato se recrea y agudiza
con las fragancias del océano,
aromas de orgánicas fuentes
de algas, peces, crustáceos
y otros organismos marinos,
que laborioso el mar recicla
con incesante humor salino
.
Si esto fuera poco, cabe señalar,
el húmedo y misterioso abrazo
que la mañana rinde a la bahía,
de la neblina que todo arropa
en genial y fascinante fantasía,
robando al día su luz radiante
en blanca sábana que niega,
al sol y al mar su tez brillante
.
Deseo regresar a Monterrey
tan pronto el tiempo diga,
para mis sentidos embriagar,
con todo el esplendor
de esa sensacional bahía
en toda su prestancia
acompañado de mi amada,
visual deleite de mar y acantilados,
atraves de la ruta del Big Sur
en un día de encanto inesperado,
brillante el sol, de marco un azul cielo,
glorioso día para enamorados
.
Al oeste, el Pacifico vestido de zafiro,
al este, árida y rocosa cordillera,
el mar la costa con furia castigando
a lo largo de la ruta que nos lleva,
llegando a la Península de Monterrey
lugar de exquisitez que te enamora,
de elementos que en conspiración,
todos los sentidos a la vez animan
.
Extasiada, mi vista recorre su bahía,
amalgamando tonos verde - azules
en genial pincelada de colores,
que a la luz al firmamento debe
y el sol en mágicos destellos,
sobre la fina arena que deslumbra
creando un panorama bello
.
La audición se aviva cuando oye,
el incesante cancionero de las olas
y el romance musical de las gaviotas,
unidos al continuo susurrar del viento
al soplar sobre las copas de los pinos,
doblegando su tocado al viento
y señalando su invariable derrotero,
de norte a sur soplando intenso
.
El olfato se recrea y agudiza
con las fragancias del océano,
aromas de orgánicas fuentes
de algas, peces, crustáceos
y otros organismos marinos,
que laborioso el mar recicla
con incesante humor salino
.
Si esto fuera poco, cabe señalar,
el húmedo y misterioso abrazo
que la mañana rinde a la bahía,
de la neblina que todo arropa
en genial y fascinante fantasía,
robando al día su luz radiante
en blanca sábana que niega,
al sol y al mar su tez brillante
.
Deseo regresar a Monterrey
tan pronto el tiempo diga,
para mis sentidos embriagar,
con todo el esplendor
de esa sensacional bahía
en toda su prestancia
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