El camino sulfúreo que lleva a la perdición eterna está tapizado con la piel arrancada a tiras de miles de héroes que osaron,insistentemente,hacer vil afrenta al mago sacrílego de la negra alquimia.Por allí sólo se pasea un viejo solitario de capa raída,que descalzo y con la boca bostezando,hiende sus negras pupilas de lince en las estrellas que pre anuncian una infelicidad de hierro a quien ose,llegado al fin del recorrido,abrir la verja soñolienta de magia medieval y oscurantista.Pues tras ella se agazapan los engendros abortados de una cruel mujer,marchitada ya en sus venenosas ortigas de urticante semblante.Mas nuestro deslavazado anacoreta la entreabre con un chirrido espantoso que conmueve la serena tranquilidad de la luna menguante,y se encuentra con su propia sombra;engalanada con el polen que millares de flores ya muertas,levitan en el insondable espacio de un bramido extremo.