La Peticiòn.

ANTHUA62

El amor: agua de vida y esperanza...
Aquella mañana sorprendiò alegre, una tènue lluvia.
Las gotitas viajaban besadas por càlidos rayos de luz.
Apareciò el arcoìris.
Sus magnìficos matìces parecìan acariciar la nubes.

... El Dios del Cielo, acertò a pasar por allì.
Era su paseo matutino.
caminaba sobre las nubes mientras platicaba con sus àngeles,
cuando escuchò una voz amiga:

- ¡Mi Señor!
Decìa.

"¡Yo nùnca te he pedido nada!"
¡Pues no hay color alguno que tu no me hayas dado!...

Era precisamente el sr Arcoìris, quièn aprovecho la ocasiòn para rogar
al Señor un favor.

- Pero siento- continuò -, en el fondo de mi corazòn, algo muy importante
desde hace ya mucho tiempo, y que que no habìa tenido oportunidad de
comentarte, pues tù, mi Señor, estàs siempre muy ocupado.
Por eso no me habìa atrevido.

Entoncès, el Señor interrumpiò amablemente su charla haciendo un ademàn
al levantar su diestra. Y volteando a verle con dulzura, le brindò su atenciòn.

- Si - le dijo -, tu te has encargado muy bien de tu labor.
te he encomendado encontrar los colores en el rocìo que flota en el cielo,
¡y lo has hecho muy bien!
¡Siento una gran alegrìa cuando vèo a mis demàs hijos tan felices al contem-
plarte!
¡Has sido inspiraciòn de fantasìas y hermosos cuentos que son la delicia de mis pequeños!
¡Y he de recompensarte muy bien por ello!
Dime ... ¿Què deseas?

El sr Arcoìris, hizo una pausa, mientras observaba que cada color estuvièra en su lugar.
¡Se encontraba ante El Creador, y querìa lucir bien!

-¡Padre!
Contestò....
-"¡Anhelo un hijo!"

El Señor Grandioso Del Universo, le mirò con ternura por su hermosa peticiòn.
Y le dejò continuar ...

-¡Oh Señor, dàme la dicha de amar a un hijo mìo!
¡Jamàs volverè a pedirte cosa alguna, puès estarè completo! ...
... ¡Desde aquì he visto la felicidad de un padre que amoroso abraza a sus pequèños,
mientras le sonrìen y me miran!
¡Es entònces, cuando brillan màs intensos mis colores invitàdoles a que pidan su desèo!
¡Puès tu me encomendàste contribuir a que el mundo sèa dichoso!
...¡Asì naciò en mì, todo èsto que yo siento!

"¡Podràs Padre Eterno, concederme èsta felicidad!"...

El Grandioso, hizo una pausa. Estaba complacido de que su creaciòn, tuvièra tan noble
sentimiento.
Y contestò:
-¡Si hijo mìo!

...Y fuè entònces, cuando una làgrima de jùbilo bajò cristalina por su mejilla. Despuès,
extendiò la diestra, y èsa ùnica làgrima, callò en su palma. Cerrò suavemente su mano,
y la extendiò al cielo. Enseguida la abriò, y apareciò colgando un hermoso Lucero, tan
brillante como la plata.

-¡Aquì lo tienes!
Dijo.

El Arcoìris brillò entònces con esplendorosa intensidad, pletòrico de jùbilo.

- ¡Gracias Padre Eterno!

-"Èste hijo tuyo" - continuò el Padre-, brillarà refulgente en todo lo alto, he irradiarà una
luz siempre viva. Aùn en el dìa. ¡Para que nùnca se aleje de tu lado!

-"¡Te amo generoso Señor, por sèr tan bueno!"
Contestò el sr. Arcoìris.
E hizo una reverencia hasta llegar al suelo.

...Desde entònces,
una hermosa estrella acompaña al sr. Arcoìris
siempre que luce sus colores,
allà,
en lo alto del cielo ...

FIN

anthua62
Mèxico 03-11-14
 
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