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La pingüino convertida en princesa

Tema en 'Prosa: Infantiles' comenzado por Marah, 27 de Noviembre de 2018. Respuestas: 0 | Visitas: 45

  1. Marah

    Marah Poeta que considera el portal su segunda casa

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    Mujer



    [​IMG]
    Se conoció una vez a un príncipe solterón que vivía en un castillo muy cerca de las montañas nevadas. Cuando se asomaba por las ventanas decía:
    _¡Qué lejos está la ciudad, las luces titilan como las estrellas!
    El mayordomo del castillo no parecía muy contento, con frecuencia murmuraba para sí:
    _No pienso que el príncipe sea feliz en estos lugares solitario, y muy pronto se quedará más solo porque yo me voy de aquí. Me resulta repugnante el problema nervioso que sufre ¡Vaya estornudo!
    Efectivamente el príncipe estornudaba cada cinco minutos y esto molestaba a todo aquel que se le acercaba.
    Un día de mucha nieve el mayordomo le dijo al príncipe:
    _Disculpe, Su Majestad, tengo una pena muy honda por su salud, tan honda es mi pena que a veces estornudo como un pingüino, por tal motivo me retiro de este lugar, tendrás que buscarse otro empleado.
    _¡Oh, no! _exclamó el príncipe_. Nadie quiere venir a este lugar tan frío y solitario, tampoco encuentro una mujer que quiera ser princesa, no te vayas…!
    El mayordomo sin dar respuestas salió del castillo y se marchó.
    Muy triste quedó el príncipe entre lágrimas y estornudos. Pero como cada día recibimos un nuevo mensaje de la lluvia, del Sol y del viento, sucedió que llegó al castillo un pingüino y le dijo al príncipe:
    _Yo quiero trabajar para usted.
    _¡Pingüino majadero! ¿Es cierto lo que dices?
    _Sí. Yo sé hacer cualquier trabajo doméstico, confía en mí _explicó el pingüino.
    Como el príncipe tenía gran necesidad de un empleado aceptó al pingüino y lo vistió con ropa de mayordomo.
    Aunque el pingüino no trabajaba bien el príncipe mantenía silencio porque otra cosa no tenía.
    Y como todos los días recibimos un nuevo mensaje de la lluvia, del Sol y del viento, sucedió que estando el príncipe tendido en el diván leyendo un periódico recibió la sorpresa mayor al ver frente a él al pingüino con una corona en la cabeza y con tremendo alboroto:
    _¡Yo no soy un pingüino…soy una pingüino, y me llamo Nieve! ¡A partir de hoy seré la princesa del castillo, te guste o no!
    El príncipe ya de pie respondió:
    _¿Por qué no me lo dijiste antes, bella Nieve? ¡Eres la pingüina más linda que he conocido, con rasgos diferentes a los demás de tu familia!...¡Cómo me gusta ese lunar que tienes en el pecho!...¡Tu voz lírica me duerme y me olvido del estornudo!
    Fue así que el príncipe preparó la fiesta de la boda, pero solamente asistieron pingüinos. Sin más demora el notario hizo el casamiento del príncipe con la pingüino que tenía a su lado. Luego el principe llevó a su esposa al lecho de amor. ¡Qué sorpresa se llevó: No era la pingüino Nieve, la que siempre reconoció por un lunar en el pecho y por su tierna voz, de modo que salió despavorido por todo el paisaje nevado llamando a su esposa pingüino:
    _¡Nieve, Nieve, mi amor, vuelve, sin ti me muero!
    Así vagando por el paisaje nevado y con ansias de amar fue arrastado por un alud y desapareció.
    A la semana de aquel incidente la pingüino Nieve regresó al palacio en un trineo cargado de flores de cristal. Voceaba:
    _¡Esposo querido aquí estoy, dónde te escondes?
    Ya lo tengo todo listo para la boda: flores de cristal,
    copos de nieve para brindar a los invitados, mantas de plumas y pelos del reno para sanar tu refriado…¡Oh! también el mejor de los pañuelos para tu nariz, el que antes perteneció a
    Yeti, lo he encontrado!
    La recién casada al ver que el principe no le responde se encerró en el castillo a cal y canto. Así pasó el tiempo sin que nadie supiera el destino de esta pingüino con rasgos diferentes a los demás de su especie.
    Dicen los excursionistas que cuando pasan cerca del castillo escuchan ruidos extraños. Los comentarios son tan cómicos como tenebrosos:
    _Se escucha el soplete de una nariz cuando estornuda.
    _Es algo parecido a la voz de un pingüino en época de cortejo.
    Algunos muy atrevidos han asomado la cabeza por la puerta principal y han visto a una pingüino llevando corona sobre la cabeza.
    Tanto misterio encierra el castillo que la idea de convertirlo en museo todavía es una propuesta.


    Marah
    Derechos reservados


    Cortejo: es la época de apareamiento de los pingüinos.
    Yeti: gigante en la mitología himalaya.



     
    #1

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