Juan Blanco
Poeta recién llegado
Es pleno invierno. Estoy en una playa.
La soledad, total. Renuncio a todo.
Hay mucha luz y sé que, de algún modo,
la tiniebla me hiere; su metralla
me rompe el corazón. A donde vaya,
le hago sitio al dolor y lo acomodo.
Mi rostro se oscurece con el lodo
que me embadurna y siempre me encanalla.
Este abandono múltiple de arena
y de agua incesante me encadena
a la desdicha cómplice y al llanto.
¿Para qué, me pregunto, busco tanto
la arena, el mar, la luz, el horizonte,
si todo es cuesta arriba y todo es monte?
La soledad, total. Renuncio a todo.
Hay mucha luz y sé que, de algún modo,
la tiniebla me hiere; su metralla
me rompe el corazón. A donde vaya,
le hago sitio al dolor y lo acomodo.
Mi rostro se oscurece con el lodo
que me embadurna y siempre me encanalla.
Este abandono múltiple de arena
y de agua incesante me encadena
a la desdicha cómplice y al llanto.
¿Para qué, me pregunto, busco tanto
la arena, el mar, la luz, el horizonte,
si todo es cuesta arriba y todo es monte?