Orfelunio
Poeta veterano en el portal
La pobre materia
Yo, que recibí los premios
Sandoz Y Sandez,
la cruz de los gremios
futuros a mares,
-los ante no son,
los pasados no caben-,
estuve en la glo
del príncipe mu,
gusté de la sopa de enó
y fui la congó
en el ¡ay del inú!
Ahora me ahogo en la hora,
ahora me es más lo pro,
ahora me di lo que engorra,
ahora no sé ni si fu.
¡Presente!, yo estoy,
presente y lavado,
mi paso pasó,
mi letra desmayo,
mis mundos neón,
mis soles ocasos;
mis dos caras no,
mis caras son casos,
cristales que cor
tan claros, y raros.
Las venas sin vi
no tienen frontera,
el límite doble al fin
divide la pobre materia
suspensa y llena de olvido...
Allí donde todo reunido
es un poema cualquiera,
de inmenso postrarse al color
el negro domina el matiz
y el blanco al matiz balancea.
¡Qué lumbre a mí llegará!
¡Qué luz me será que propicie!
Un sol no se apaga si es Ra
el dios que ilumina la efigie.
Desciende al profundo cañón,
sé curso de alegre riachuelo;
no mires el alto del sol
que está más allá de tu cielo.
Y piensa como aquél pensó,
traspasa la línea del suelo...
¡Contente!, no seas Colón,
saluda la paz del guerrero
y llora lo mismo que yo
llorando muertos los sueños.
Yo, que recibí los premios
Sandoz Y Sandez,
la cruz de los gremios
futuros a mares,
-los ante no son,
los pasados no caben-,
estuve en la glo
del príncipe mu,
gusté de la sopa de enó
y fui la congó
en el ¡ay del inú!
Ahora me ahogo en la hora,
ahora me es más lo pro,
ahora me di lo que engorra,
ahora no sé ni si fu.
¡Presente!, yo estoy,
presente y lavado,
mi paso pasó,
mi letra desmayo,
mis mundos neón,
mis soles ocasos;
mis dos caras no,
mis caras son casos,
cristales que cor
tan claros, y raros.
Las venas sin vi
no tienen frontera,
el límite doble al fin
divide la pobre materia
suspensa y llena de olvido...
Allí donde todo reunido
es un poema cualquiera,
de inmenso postrarse al color
el negro domina el matiz
y el blanco al matiz balancea.
¡Qué lumbre a mí llegará!
¡Qué luz me será que propicie!
Un sol no se apaga si es Ra
el dios que ilumina la efigie.
Desciende al profundo cañón,
sé curso de alegre riachuelo;
no mires el alto del sol
que está más allá de tu cielo.
Y piensa como aquél pensó,
traspasa la línea del suelo...
¡Contente!, no seas Colón,
saluda la paz del guerrero
y llora lo mismo que yo
llorando muertos los sueños.