En el silencio de la noche profunda,una bandada de pájaros sin nido surca los cielos de negro mate mientras tú,inmiscuida en pensamientos sagrados de faz eterna,sueñas despierta con paraísos artificiales donde posar tu difunta alma de ébano.Te emborrachas del cáliz esmaltado y a rebosar de maná para no perder de vista la llameada luz sideral que crepita sin cesar entre bambalinas de un trágico teatro cuya función claudica a golpe seco de homicidio blasfemo.Eso no te afecta.Sin embargo,tiemblas como una rosa entreabierta y comida por el goloso gusano,cuando el eco de tu santo nombre hinca su agudo timbre en tus sensibles oídos de poetisa marchita y arrugada por el paso presuroso del tiempo:ese impostor que enerva nuestro sano juicio cuando,al observarnos en el espejo acuoso del magnánimo estanque de magnolias levitando,observamos para nuestro horror cuánto hemos envejecido bajo la parsimoniosa música celestial de un cosmos que ya va a la deriva ominosa.
Última edición: