BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Una áspera dureza se adueñado
de mí. Por eso, yo no lloro.
El loro terrible de las plumas
exigentes, miente, con su corpulencia
de rayo luminoso, abriéndose paso
entre estadías de vértigo y desolación.
Mi piel exuda ponzoña. Soy la bruja
que nadie quiso desatar: la sibila
desatendida que se apoyó, sobre el borde
del precipicio, antes de caer. Vigilen
bien sus doncellas sometidas al desdén
familiar; a la avaricia de los años, protegidas:
entre casas desguarnecidas, y solitarias edificaciones,
mi templo carece de límites.
©
de mí. Por eso, yo no lloro.
El loro terrible de las plumas
exigentes, miente, con su corpulencia
de rayo luminoso, abriéndose paso
entre estadías de vértigo y desolación.
Mi piel exuda ponzoña. Soy la bruja
que nadie quiso desatar: la sibila
desatendida que se apoyó, sobre el borde
del precipicio, antes de caer. Vigilen
bien sus doncellas sometidas al desdén
familiar; a la avaricia de los años, protegidas:
entre casas desguarnecidas, y solitarias edificaciones,
mi templo carece de límites.
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