Luis Fernando Tejada
Poeta reconocido
A veces nos
invade la nostalgia de
volver a las llanuras y a
los bosques del mundo
pues la vida es una cadena
que se ata al corazón.
En el crepúsculo la
escuchamos mover su coche
por los caminos silvestres
viajaremos en las noches ya que
ella no gusta del amanecer.
(¡Oye tú un día
también estarás en el mar
en el mar donde
navegamos con ella
a la espera de una
reencarnación!)
Los hombres en su ocaso
viajarán en compañía
de los que esperan
el transporte escuchen su voz
retumbar en el desierto.
La puerta se cierra,
rápido recorrido en
compañía de los
otros viajeros,
el clima es frío,
el carruaje rueda
hasta un campo libre,
se puede ver el rostro
de su guía.
¡Oh!...
¡Señora Muerte!
Seca las lágrimas
de los deudos.
invade la nostalgia de
volver a las llanuras y a
los bosques del mundo
pues la vida es una cadena
que se ata al corazón.
En el crepúsculo la
escuchamos mover su coche
por los caminos silvestres
viajaremos en las noches ya que
ella no gusta del amanecer.
(¡Oye tú un día
también estarás en el mar
en el mar donde
navegamos con ella
a la espera de una
reencarnación!)
Los hombres en su ocaso
viajarán en compañía
de los que esperan
el transporte escuchen su voz
retumbar en el desierto.
La puerta se cierra,
rápido recorrido en
compañía de los
otros viajeros,
el clima es frío,
el carruaje rueda
hasta un campo libre,
se puede ver el rostro
de su guía.
¡Oh!...
¡Señora Muerte!
Seca las lágrimas
de los deudos.