Los sueños se rompen de golpe
cuando te encuentras con ella
en el “ahora”.
Ya no los creo,
me arrastran al presente,
me atraviesan,
la realidad se me impone sin mi consentimiento
y lloro su ausencia.
Quisiera quedarme en lo imaginado,
entre su sombra caliente,
dirigir su ritmo.
Hoy la realidad se ha desplomado
sobre mis hombros,
apenas la sostengo,
apenas la reconozco,
y como si de un acto heroico se tratase
me siento a su lado,
le miro a la cara,
tratando de averiguar su pensamiento.
Es una desconocida para mí
aunque vivo con ella.
Sólo el amor que les tengo a sus personajes
hace que me quede en el lugar de siempre,
pero la tentación de escapar
cada día a mis sueños
se engancha como arpón mágico
en los ratos más duros.
Mi piel es la linde más firme,
es el principio de los sueños,
el fin de la realidad.
A ella le pregunto,
con ella me alío
en los momentos más inciertos
y siempre me responde
con los gritos de un arroyo,
con la lucidez del sol
en un verano andaluz.
Mi sosiego se templa por ella
y el corazón duerme,
se tranquiliza en su flexible pared,
transpiro y vivo,
igual que un árbol por sus hojas.
Con la luz me alimento,
con el sol.
Y como los primeros hombres que pisaron esta tierra,
dell mar no sé pasar
sin encontrarme con el más desconocido de los dioses,
sin saber a ciencia cierta
nada más.
cuando te encuentras con ella
en el “ahora”.
Ya no los creo,
me arrastran al presente,
me atraviesan,
la realidad se me impone sin mi consentimiento
y lloro su ausencia.
Quisiera quedarme en lo imaginado,
entre su sombra caliente,
dirigir su ritmo.
Hoy la realidad se ha desplomado
sobre mis hombros,
apenas la sostengo,
apenas la reconozco,
y como si de un acto heroico se tratase
me siento a su lado,
le miro a la cara,
tratando de averiguar su pensamiento.
Es una desconocida para mí
aunque vivo con ella.
Sólo el amor que les tengo a sus personajes
hace que me quede en el lugar de siempre,
pero la tentación de escapar
cada día a mis sueños
se engancha como arpón mágico
en los ratos más duros.
Mi piel es la linde más firme,
es el principio de los sueños,
el fin de la realidad.
A ella le pregunto,
con ella me alío
en los momentos más inciertos
y siempre me responde
con los gritos de un arroyo,
con la lucidez del sol
en un verano andaluz.
Mi sosiego se templa por ella
y el corazón duerme,
se tranquiliza en su flexible pared,
transpiro y vivo,
igual que un árbol por sus hojas.
Con la luz me alimento,
con el sol.
Y como los primeros hombres que pisaron esta tierra,
dell mar no sé pasar
sin encontrarme con el más desconocido de los dioses,
sin saber a ciencia cierta
nada más.