Señorita Avellaneda
Poeta recién llegado
En aquellas noches eternas de conversación conmigo misma, de sentirme a gusto y disconforme con mi compañía, de tener diálogos amables y sentimientos contradictorios, allí, en esas noches de deliciosa soledad compartida, emergian para mi, y para ella, que no era otra que yo misma, misteriosas y nuevas realidades; la imaginación empezaba a galopar sobre la mesa, llamándose a sí misma ¡libertad!, la mirábamos las dos asombradas de tanta seguridad, ¿llamarse libertad?, jugaba a estar desprovista de toda moralidad, se reía en mi cara de mis condicionamientos, luego la invitaba a ella, ¡llámese como quiera, querida soledad!
Después de un rato me empezaba a gustar poder ser quien yo quiera, si así lo quisiera, e indagaba a aquella otra, que no era más que yo misma, sobre que otra realidad era más real, que nuestra tan libre imaginación
Después de un rato me empezaba a gustar poder ser quien yo quiera, si así lo quisiera, e indagaba a aquella otra, que no era más que yo misma, sobre que otra realidad era más real, que nuestra tan libre imaginación