El agua se traga toda la luz
que las farolas le lanzan;
como anguilas eléctricas
se mueven amarillentas
y mis ojos absorben
toda la atmósfera
azul oscuro.
Mi cuerpo se empapa de frío
pero no se mueve
para captar la belleza impresa
en la ría,
que tantas veces he odiado
y otras tantas me ha enredado
en su gris belleza.
Sus aguas arrastran
hacia el mar
toda la amargura
de muchos cuerpos
que, lejanos de sus anhelos,
desechan en su líquido
de azogue oscuro
su pensamiento.
quemando,
a veces para siempre,
su alegría primera
en los hornos de ladrillo
que, como dragones mágicos,
lanzaban su fuego
cerca del agua,
y que tantos amaneceres
a mí me recordaban
al infierno.
Hoy el “Dragón” ha muerto
y lloro su pena,
pero aún siento su fuego
largo y rojo
meterse en mis sueños
sintiendo que me ha atado para siempre
al invierno largo
de su luz celeste,
al gris del Serantes
que se derrama
día tras día
sobre el agua verde.
que las farolas le lanzan;
como anguilas eléctricas
se mueven amarillentas
y mis ojos absorben
toda la atmósfera
azul oscuro.
Mi cuerpo se empapa de frío
pero no se mueve
para captar la belleza impresa
en la ría,
que tantas veces he odiado
y otras tantas me ha enredado
en su gris belleza.
Sus aguas arrastran
hacia el mar
toda la amargura
de muchos cuerpos
que, lejanos de sus anhelos,
desechan en su líquido
de azogue oscuro
su pensamiento.
quemando,
a veces para siempre,
su alegría primera
en los hornos de ladrillo
que, como dragones mágicos,
lanzaban su fuego
cerca del agua,
y que tantos amaneceres
a mí me recordaban
al infierno.
Hoy el “Dragón” ha muerto
y lloro su pena,
pero aún siento su fuego
largo y rojo
meterse en mis sueños
sintiendo que me ha atado para siempre
al invierno largo
de su luz celeste,
al gris del Serantes
que se derrama
día tras día
sobre el agua verde.