GUSTAPOESIA
Poeta recién llegado
La Ruteta de la Vida.
Labrando un gran futuro,
recorriendo con renombre un laureado camino,
luchador nato frente a cualquier adversidad,
sólo él marca las pautas a su destino.
Fuerza dominadora,
ímpetu irrefrenable y soñador,
ganador insaciable.
Eligió el momento de ir acompañado,
supo arroparse de una gran mujer,
de cuyas ramas, cuatro tallos florecieron,
a los cuales entregó su corazón.
Todas sus aspiraciones las tenía colmadas,
y en ese momento todo cambió.
¿Cuál sería su nuevo camino,
sus nuevos retos, sus nuevos triunfos?.
Fuerza dominadora convertida en desidia,
ímpetu irrefrenable transformado en inseguridad,
caballo ganador transfigurado en manso
que arrastra miedos, dudas y sinsabores.
Qué me deparará el destino,
cuando no me siento capaz de escribirlo,
cuáles son las puertas a atravesar en mi camino,
cuando no tengo clara mi línea en la vida.
Cuantas preguntas sin respuestas,
cuanto pavor a tomar una dirección
y que desatino al abrir la puerta equivocada
que le marcó inexorablemente su destino.
Se encerró dentro de sí mismo,
se aisló en un mundo perdedor,
y derramó su frustración causando dolor,
a los que nunca quiso dañar.
Qué fácil era gritar desde lo alto
y saber que todos escuchan,
y que distinto se ve todo desde la base de la montaña,
cuando nadie escucha tus lamentos.
Su final llegó marcado por la frustración,
marcado por la propia sociedad estigmatizadora,
dando sus últimos bandazos para intentar reconstruir su mundo perdido,
ya que en él, siempre latió un corazón luchador.
Aún con el final peor inimaginable,
su ruleta no dejará de rodar,
porque todos sabemos que su corazón era grande,
y todos sabremos mantener viva su existencia.
Descanse en paz nuestro amigo Rubén.
Labrando un gran futuro,
recorriendo con renombre un laureado camino,
luchador nato frente a cualquier adversidad,
sólo él marca las pautas a su destino.
Fuerza dominadora,
ímpetu irrefrenable y soñador,
ganador insaciable.
Eligió el momento de ir acompañado,
supo arroparse de una gran mujer,
de cuyas ramas, cuatro tallos florecieron,
a los cuales entregó su corazón.
Todas sus aspiraciones las tenía colmadas,
y en ese momento todo cambió.
¿Cuál sería su nuevo camino,
sus nuevos retos, sus nuevos triunfos?.
Fuerza dominadora convertida en desidia,
ímpetu irrefrenable transformado en inseguridad,
caballo ganador transfigurado en manso
que arrastra miedos, dudas y sinsabores.
Qué me deparará el destino,
cuando no me siento capaz de escribirlo,
cuáles son las puertas a atravesar en mi camino,
cuando no tengo clara mi línea en la vida.
Cuantas preguntas sin respuestas,
cuanto pavor a tomar una dirección
y que desatino al abrir la puerta equivocada
que le marcó inexorablemente su destino.
Se encerró dentro de sí mismo,
se aisló en un mundo perdedor,
y derramó su frustración causando dolor,
a los que nunca quiso dañar.
Qué fácil era gritar desde lo alto
y saber que todos escuchan,
y que distinto se ve todo desde la base de la montaña,
cuando nadie escucha tus lamentos.
Su final llegó marcado por la frustración,
marcado por la propia sociedad estigmatizadora,
dando sus últimos bandazos para intentar reconstruir su mundo perdido,
ya que en él, siempre latió un corazón luchador.
Aún con el final peor inimaginable,
su ruleta no dejará de rodar,
porque todos sabemos que su corazón era grande,
y todos sabremos mantener viva su existencia.
Descanse en paz nuestro amigo Rubén.
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