Ad Libitum
Poeta recién llegado
Me iré.
No escribiré ningún libro.
Ni nacerá hija alguna de mi vientre.
Me iré
y habré, eso sí, plantado
árboles sobre todos
los caminos
de la tierra.
Y escondidas entre las ramas de esos árboles
darán a luz las aves más huérfanas;
y entre las hojas más verdes de esas copas
verán el sol por vez primera
millones de polluelos aprendiendo a vivir.
Y a la sombra de todo su follaje
se escribirán mil historias sagradas
que borrarán al paso antes del alba
los zorros y ocelotes
allá donde no llega la pluma
del ser humano para inmortalizarlas.
Me iré
y nadie nunca recordará mi nombre
ni el temblor de mi dedo
al despedirse de cada
semilla nueva.
Pero el bosque crecerá
y los pájaros se sucederán los unos a los otros,
y las huellas pisarán encima de otras huellas
y nadie recordará tampoco el nombre de los pájaros
ni el romance de las hormigas rojas con la tangarana.
Nadie recordará porque es sólo así que la vida sigue
y se proyecta interminable en su baile hacia el futuro.
Y dará igual, porque la fama
no es más que un capricho cobarde y pasajero
del hombre que se niega
a enfrentar a la muerte.
Pero la fama muere, como el hombre.
Sólo el calor anónimo,
la vida que se expande
permanece
por siempre.
Y es a estas raíces que riego cada día
que nutrirán algún día
mis cenizas.
https://www.facebook.com/Oniroteca/
No escribiré ningún libro.
Ni nacerá hija alguna de mi vientre.
Me iré
y habré, eso sí, plantado
árboles sobre todos
los caminos
de la tierra.
Y escondidas entre las ramas de esos árboles
darán a luz las aves más huérfanas;
y entre las hojas más verdes de esas copas
verán el sol por vez primera
millones de polluelos aprendiendo a vivir.
Y a la sombra de todo su follaje
se escribirán mil historias sagradas
que borrarán al paso antes del alba
los zorros y ocelotes
allá donde no llega la pluma
del ser humano para inmortalizarlas.
Me iré
y nadie nunca recordará mi nombre
ni el temblor de mi dedo
al despedirse de cada
semilla nueva.
Pero el bosque crecerá
y los pájaros se sucederán los unos a los otros,
y las huellas pisarán encima de otras huellas
y nadie recordará tampoco el nombre de los pájaros
ni el romance de las hormigas rojas con la tangarana.
Nadie recordará porque es sólo así que la vida sigue
y se proyecta interminable en su baile hacia el futuro.
Y dará igual, porque la fama
no es más que un capricho cobarde y pasajero
del hombre que se niega
a enfrentar a la muerte.
Pero la fama muere, como el hombre.
Sólo el calor anónimo,
la vida que se expande
permanece
por siempre.
Y es a estas raíces que riego cada día
que nutrirán algún día
mis cenizas.
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