Bajo la marítima losa sepulcral de Neptuno,duerme amodorrada una sirena de lujuriosos encantos;encandilados por el susurro soberbio de su amante la corriente risueña.Aquella no despertará hasta que el dios de los mares la marque,en su piel de pálida perla obtusa,con el beso ardiente de la exaltada resurrección.Cuando eso ocurra,tal bella criatura de talle sulfúreo,abrirá sus grandes ojos,cargados de relámpagos y truenos;y de su boca saltará el verso quebrado de un llanto eterno;que se evaporará en estambre de aberrantes vegetales bañados en el vino acuoso que tantos quebraderos de cabeza le da.En ignominiosas profundidades donde no llegan los salvadores rayos del sol.¡Oh!sirena desdichada.Marca con las uñas de tus furiosas manos el manto lechoso que te guarda de la intemperie de la costa y acuéstate en santo concubinato con el primer varón de prepucio inflamado.